miércoles, 18 de marzo de 2009

Los derechos humanos de los delincuentes

Por Roberto Gargarella *
Cíclicamente reaparecen los miedos generados por la inseguridad y, con ellos, el discurso público vuelve a inundarse de bravatas altisonantes que, por su repercusión, conviene tomarse en serio. Quisiera concentrarme aquí en algunas de las expresiones que circulan en estos días, vinculadas con la relación aparentemente excluyente o de suma cero que existiría entre la protección de las víctimas y la defensa de los derechos de los delincuentes. La idea aparece en expresiones como la que dice que “en este país mueren inocentes mientras se protegen los derechos humanos de los delincuentes” o “estoy cansado de los derechos humanos de los delincuentes”. ¿Qué se quiere decir con tales expresiones?
Una primera posibilidad sería que tales afirmaciones involucran un juicio descriptivo como el siguiente: “en los hechos, hoy, en la Argentina, se están favoreciendo los derechos humanos de los delincuentes, mientras se descuidan los derechos de las pobres víctimas”. Apenas reflexionamos unos instantes sobre esta idea, sin embargo, se advierte que ella es, más que falsa, groseramente falsa. Resulta demasiado obvio que en nuestro país en la actualidad se violan cada día, y de modo gravísimo, los derechos de los que cometieron (o son acusados de haber cometido) ofensas hacia los demás, muy especialmente si ellos provienen de sectores económicamente desaventajados. Esas violaciones gravísimas incluyen la detención por años de personas a las que no se les ha probado la comisión de delito alguno; la privación de libertad a personas que han cometido delitos menores, y condiciones extremas, brutales, violentas para los que ya están encerrados. Es decir, descriptivamente, lo que la realidad nos muestra, sin ambages, sin ambigüedades, sin margen de duda alguno, es exactamente lo contrario de lo que aquella proposición vendría a sugerir. Si hoy tenemos un problema grave en materia de inseguridad, entonces, sin dudas, ése no es el de que el Estado argentino se está excediendo en la protección de los derechos de los delincuentes.
Una segunda posibilidad sería que al decir “estamos cansados de los derechos humanos de los delincuentes” se esté haciendo referencia a una explicación referida a la imposibilidad material de proteger, al mismo tiempo, los derechos de las víctimas y los derechos de los criminales. Pero esta respuesta también es, fundamentalmente, falsa: en los aspectos más básicos, resulta obvio que se pueden hacer ambas cosas al mismo tiempo. Asegurarles a todos un juicio justo (escuchar a los acusados; asegurar que las pruebas de un juicio no sean inventadas); impedir la tortura; no encerrar a quien no ha sido encontrado culpable de ningún crimen; evitar que se trate a los detenidos como animales es perfectamente compatible con tener un presupuesto adecuado en materia de seguridad, o velar por la recuperación de las víctimas y la restauración de sus derechos. Es decir, no es en absoluto cierto que si queremos cuidar la seguridad de “los buenos ciudadanos” sea necesario, de algún modo, reducir los cuidados básicos hacia delincuentes.
Tercero, la afirmación sobre el “exceso” de respeto hacia los derechos de los delincuentes podría ser normativa, es decir, estar dirigida a afirmar que “debe darse menos protección a los derechos de los delincuentes, porque ellos no se merecen ningún cuidado, dada la gravedad de lo que han hecho”. Ahora bien, si las dos observaciones anteriores eran –en su esencia– fácticamente falsas, ésta es valorativamente inaceptable. Hay cantidad de problemas serios con esta idea. Primero, respetar los derechos de los delincuentes no significa premiar a los criminales ni dejar de reprocharles sus eventuales faltas, sino impedir que se los trate inhumanamente, o que se condene a inocentes porque “necesitamos condenar a alguien”, como muchas veces ocurre. Segundo, los derechos no están reservados para los que se comportan decentemente o los que no cometen faltas (graves), sino para todos, por el solo hecho de ser personas. Tercero, los derechos no son disponibles o removibles de acuerdo al humor de algunos, sino lo contrario de ello: su virtud es, por suerte, la de no estar sujetos a la buena voluntad de nadie.
Finalmente, puede que con la idea de “los derechos humanos de los delincuentes” se esté pensando en que, en nuestro país, algunos o muchos eventuales culpables de crímenes no quedan encerrados. Pero esta idea también es muy pobre. Primero, tenemos una proporción de presos alta y creciente, y no baja. Segundo, si hay gente responsable de crímenes que no es condenada debido a las argucias o trampas de sus abogados, ésa no es responsabilidad de los “derechos humanos”, por lo que conviene no ensuciar el término de ese modo. Tercero, si lo que ocurre es que algunos no quedan detenidos porque no se prueba su culpabilidad, eso no es un “exceso” de respeto de los derechos, sino sólo un acto justo, porque nadie quiere que se encierre a los que no son culpables de delito alguno (¿o sí?). Finalmente, pero esto da para otra discusión, no es cierto –por fortuna– que las únicas respuestas que tenemos a mano frente al crimen son las respuestas extremas, draconianas, que empiezan, como en nuestro país, con la privación de la libertad en condiciones infrahumanas. Es decir, condenar no es ni debe ser igual a “dejar encerrado a alguien”.
Decir lo dicho no implica decir que debemos actuar como si en la sociedad no hubiera delitos, ni comportarnos de modo ingenuo, ni dejar de reprochar con firmeza las faltas que se cometan en nuestra sociedad. Decir lo dicho implica afirmar que, no importa el grado de irritación que tengamos, o la antipatía que nos produzca algún grupo, o los deseos de venganza que nos provoque una situación de injusticia, no tenemos que poner en cuestión el valor de seguir tratando a todos –a todos– con dignidad y respeto. Más importante aún: tenemos que aprender a reconocer que, al respetar los derechos básicos de los criminales no estamos insultando a las víctimas. Como he tratado de mostrar, los cuidados extremos hacia las víctimas del delito de ningún modo, y en ningún sentido, necesitan del maltrato hacia quienes las han ofendido.
* Doctor en Derecho, profesor de Derecho Constitucional (UBA-UTDT).


EL PAIS › LA CORTE SUPREMA RECHAZO PLANTEOS DE DIVERSOS INVOLUCRADOS EN CRIMENES DE LESA HUMANIDAD
No ha lugar para varios represores
El máximo tribunal confirmó, entre otras cosas, la prisión preventiva del ex ministro del Interior Albano Harguindeguy. La Cámara de Casación se declaró “en acuerdo extraordinario permanente” por los casos de violaciones a los derechos humanos.
La Corte Suprema de Justicia dejó firme ayer una serie de resoluciones de tribunales inferiores al rechazar planteos de defensores de represores procesados por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura. El máximo tribunal se pronunció en forma negativa, en su habitual plenario de cada martes, sobre recursos de abogados de ex militares y policías que cuestionaban sus procesamientos y, en algunos casos, el cumplimiento de su prisión preventiva. Entre los planteos rechazados por la Corte figura uno que había promovido el ex ministro del Interior Albano Harguindeguy.
La Cámara Nacional de Casación Penal, en tanto, anunció su decisión de “mantenerse en acuerdo extraordinario permanente” con el objetivo de “procurar la celeridad en las causas seguidas por violaciones a los derechos humanos ocurridas en la última dictadura militar y las restantes”, que no especificó. En su última reunión de acuerdos, Casación decidió requerir un informe a los tribunales orales federales sobre causas en trámite y personas detenidas, con el aparente objetivo de tomar luego decisiones para garantizar la celeridad de los procesos.
Dos semanas atrás, la Unidad Fiscal de Coordinación y Seguimiento para causas por delitos cometidos durante el terrorismo de Estado, de la Procuración General de la Nación, le solicitó a Casación la reasignación de las causas vinculadas con el Primer Cuerpo de Ejército radicadas en el abarrotado Tribunal Oral Federal 5. De una respuesta positiva de Casación depende la posibilidad de juzgar en un plazo razonable a los responsables de los centros clandestinos porteños.
Ayer la Corte rechazó un recurso contra la preventiva de Harguindeguy, en la causa por el secuestro extorsivo de los empresarios Federico y Miguel Gutheim, que dictó la Sala II de la Cámara Federal porteña. También desestimó recursos de los represores rosarinos Eduardo Costanzo, Ramón Rito Vergara y Mario Alfredo Marcote, procesados en la causa Feced.
El máximo tribunal declaró inadmisible, entre otros, un recurso extraordinario del ex médico de la ESMA Carlos “Tommy” Capdevila, contra una resolución de la Cámara Federal que le negó la excarcelación en el sumario en el que cumple prisión preventiva como partícipe necesario de la sustracción de quien se conoce como Carla Azic, joven apropiada por el prefecto Antonio Azic e hija biológica de Silvia Dameri, vista por última vez en la ESMA. El máximo tribunal también dejó firme la prórroga de la prisión preventiva del ex oficial de la Armada Pablo García Velasco en la causa que se le sigue por la desaparición del periodista Rodolfo Walsh.
El tribunal desestimó recursos de queja de los defensores de los ex jefes del centro clandestino Pozo de Arana, comisarios Miguel Kearney y Rubén Oscar Páez, sobre sus procesamientos con prisión preventiva. Los represores fueron excarcelados en diciembre por la Cámara de Casación. En febrero los fiscales Juan Romero Victorica y Raúl Pleé apelaron las liberaciones. Casación debe resolver si acepta los recursos y, en tal caso, gira ambos expedientes para que la Corte se pronuncie sobre la libertad de los policías.


EL PAIS
Cine por la memoria
En el marco de un nuevo aniversario del golpe de Estado de 1976, el próximo domingo se iniciará frente al Palacio de Tribunales una “Vigilia de Cine” para reclamar que se aceleren las causas por delitos de lesa humanidad, organizada por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) junto a la Industria de Cine, la Unión de Empleados Judiciales de la Nación (UEJN), la Secretaría de Derechos Humanos y el Sistema Nacional de Medios Públicos (SNMP). A partir de las 18.30 se proyectarán en una pantalla gigante, que será montada frente al edificio de Tribunales, cinco películas de directores argentinos: Operación Masacre, de Jorge Cedrón; 4 de Julio, de Juan Pablo Young y Pablo Zubizarreta; Crónica de una fuga, de Adrián Caetano; Nuremberg argentino, de Miguel Rodríguez Arias, para cerrar el día 23 con la proyección de Soñar, soñar, del realizador Leonardo Favio.

EL PAIS
Marcha por López en La Plata
Organizaciones de derechos humanos, sociales y estudiantiles realizarán hoy en La Plata una marcha al cumplirse dos años y medio de la desaparición de Jorge Julio López, testigo clave en el juicio en el que el represor Miguel Etchecolatz fue condenado a prisión perpetua. La convocatoria fue hecha por la Multisectorial de La Plata, Berisso y Ensenada y el colectivo Justicia Ya! para que la columna salga a las 18 desde plaza Moreno hacia la Casa de Gobierno, con el lema “a treinta meses de la desaparición forzada de Jorge Julio López y ante el silencio cómplice del Gobierno y la Justicia”. Por otra parte, Justicia Ya! denunció que la causa judicial “sigue a la deriva”, tras la excusación del juez federal Arnaldo Corazza y el apartamiento de la secretaría especial de derechos humanos.


LA CONCENTRACION EN PLAZA DE MAYO
Por mano dura
Una ONG encabezada por la hija del general Guglielmi, acusado por torturas, convoca a la marcha de hoy. Susana Giménez no va.


Los famosos no irán, pero la embestida propulsada por varios de ellos y algunos medios dio sus frutos: hoy se concretará la concentración en Plaza de Mayo para reclamar mano dura como forma de combatir la inseguridad. Todo comenzó con el exabrupto de Susana Giménez en favor de la pena de muerte, pero siguió de la mano de algunos familiares de víctimas de delitos y terminó organizado por una ONG cuya cabeza visible tiene una activa vinculación con sectores de derecha.
Se trata, como contó este diario el lunes pasado, de Mejor Seguridad, una organización dirigida por Constanza Guglielmi, hija del general Alejandro Guglielmi –acusado de participar en un centro clandestino de detención– y hermana de María Pía, asesinada en un extraño episodio nunca esclarecido, en los Bosques de Palermo en 2006. Constanza Guglielmi ya tiene experiencia: armó una marcha hacia la Quinta de Olivos y convocó al dirigente ruralista Alfredo De Angeli, con quien buscó constituir una Mesa de Enlace de la Seguridad.
Desde Mejor Seguridad se había afirmado que participarían de la concentración de hoy Susana Giménez y Marcelo Tinelli, aunque ambos negaron luego su presencia. La iniciativa había partido de la familia del profesor de educación física Hernán Landolina, asesinado el 3 de marzo frente a la puerta de su casa de Lomas del Mirador, La Matanza, pero luego la esposa de Landolina, Ana Ronsoni, desistió de convocar porque consideró que se había politizado.
El acto tendrá lugar a las 18 frente a la Casa Rosada y los organizadores aseguran que no entregarán petitorios al Gobierno sino que pedirán “seguridad” a los tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial). “Ellos tendrán que ver la forma cómo lo resuelven, ya sea haciendo un trabajo social, familiar, educativo, ellos lo resolverán, nosotros sólo vamos a peticionar en paz y armonía”, afirmó Marta Rodríguez, de Mejor Seguridad. También destacó que se reclamará que el tema de la seguridad “sea el primero en la agenda de los funcionarios del Gobierno a partir de este mismo jueves”, día posterior a la concentración.
En el palco, un locutor leerá un documento en el que se pedirá que “no haya más muertes, robos, secuestros, violaciones, riesgos con la minoridad ni leyes tan permisivas” y se exigirá “basta a la delincuencia cotidiana”, señaló Rodríguez. Además se leerá una fábula alusiva a la seguridad y se invitará a un palco especial a varios familiares de víctimas del delito que prometieron su asistencia.
Los organizadores señalaron que fueron invitados el sacerdote católico Guillermo Marcó, el pastor evangelista Gabriel Mirás y el rabino Sergio Bergman. También sostienen que comprometió su asistencia el ex ingeniero Juan Carlos Blumberg, que en el año 2004 encabezó varias movilizaciones que derivaron en el endurecimiento de penas luego del asesinato de su hijo Axel.
Según indicó Rodríguez, varios funcionarios políticos anunciaron que asistirán al acto, pero no habrá un lugar especial para ellos a fin de “evitar politizar el acto” (sic). “Cuando nos vienen a matar no nos preguntan de qué partido somos”, dijo.

Los otros

Por Eduardo “Tato” Pavlovsky
El otro día salí de mi casa y me encontré con seis niños que me esperaban con las manos abiertas rogándome si les podía ofrecer un poco de comida (no de dinero). Los niños tendrían entre 3 y 8 años. Yo conocía a la madre, a la que había ayudado varias veces, y ella me dijo: “Doctor, por favor, tienen hambre, quieren comer algo”. Un tanto impresionado por la visión kafkiana de la cara famélica de los niños saqué 20 pesos y se los di, señalándoles una rotisería donde podrían conseguir el almuerzo del día. La verdad es que la alegría de los chicos fue enorme y partieron corriendo hacia el almacén. Salí de mi casa caminando hacia Libertador cuando vi otro chico que se acercaba para pedirme comida. Le conté que hacía unos minutos unos niños me habían pedido comida y que estarían comprando en la fiambrería de la esquina –con un pequeño dinero que les había dado– y que tal vez podía pedirles algo. Salió corriendo y casi un coche se lo lleva por delante, tal era la velocidad y distracción que imprimió a su carrera. Seguí caminando hacia Libertador, donde tomé un taxi hasta Rodríguez Peña y Santa Fe.
Otros aires dije yo, otra ropa, otras mujeres. Me sentía en París. Cuando una señora con una beba en los brazos me agarró de un hombro y me dijo: “Don, me puede ayudar, hace un día que la nena no come. Vaya si quiere Ud. a la farmacia y cómpreme leche en polvo. Yo lo espero aquí. Para la nena es importante...”. No tuve cuerpo ni bolas para ir a la farmacia, le di 15 pesos, que era el vuelto que me quedaba. La señora, muy agradecida, me dijo –con sus ojos verdes humedecidos por un llanto que no parecía fingido– “que Dios lo ayude” y se fue caminando hacia la farmacia.
La indigencia, la pobreza, pensé, es una fábrica de construcción de delincuencia. Hacía un rato había escuchado a un psiquiatra por TV decir que la delincuencia es congénita y que no hay tratamiento posible para ella. Sólo encerrarlos para toda la vida por su peligro, ante la mirada aprobatoria de los demás ignorantes que lo rodeaban.
Me acordaba de que en las favelas de San Pablo los niños luchaban a favor de los narcotraficantes en contra de la policía, porque los narcos les daban comida. ¿Por qué iban a luchar en contra de quien los alimentaba?
Pensaba –como lo he observado– que la delincuencia profesional toma a estos niños de la calle y los forma como especialistas del robo. Pensaba en los niños de las verjas que me pedían comida, en el niño que se me acercó después, en la joven señora que me pedía leche en polvo de la farmacia. Con qué valores se formarán –cuando no existe el continente afectivo que los proteja–, cuando no tienen ropa, cuando no comen bien, cuando no tienen estudios ni recursos sanitarios, cuando sacan la comida de las bolsas de la calle, cuando ven hoy más que nunca la desigualdad social llegando a límites insospechados.
El 30 por ciento de los niños en nuestro país son pobres o indigentes. No querer ver que existe pobreza e indigencia es responsabilidad del Estado, es aceptar que las crisis las podemos sufrir la clase media y la clase alta –2/3 del país–. Pero ese sector del subdesarrollo de los recursos humanos más elementales no sufre las crisis ni las entiende. Sólo percibirá el menor suministro del limosneo o la menor calidad de la comida que arrojan en las bolsas los privilegiados de siempre.
Pero siendo así –lo vemos así– no podemos dejar de percibir la desigualdad social cada vez más escalofriante. Me pregunto por qué el Estado no lo nombra y actúa en consecuencia. Tres generaciones de niños con daños neurológicos por falta de una educación adecuada y mal atendidos en los hospitales porque muchos no tienen dinero para viajar.
Si no se ataca la pobreza como prioridad absoluta estamos matando literalmente a estas vidas sin futuro, sin alegría, sin esperanza, 1/3 del país. Vidas desahuciadas. Vidas desperdiciadas. Las corporaciones políticas parecen esquivar el gran problema. Pero esta gente –sólo ayudada por algunos movimientos sociales– queda de espaldas a la vida. Sin pertenencia de país. Sin arraigo. Todo esto nos pasa a nosotros y lo más terrible es que aún hoy hay recursos para sacarlos del infierno, del lugar de la promiscuidad, del hacinamiento, de la desnutrición y de la delincuencia. No debemos ser ahora indiferentes a la muerte de ocho niños por día en nuestro país de hambre. Es un crimen. En serio. Crimen que tiene responsables.
* Psicoanalista. Autor, actor y director teatral.


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