viernes, 22 de agosto de 2008

A 36 AÑOS DE LA MASACRE DE TRELEW :LA SANGRE DERRAMADA NO SERA NEGOCIADA



22 de agosto de 1972 - Masacre de Trelew
Autor: Testimonios extraídos del libro Lo pasado pensado, de Felipe Pigna, editorial Planeta, 2005.

El 15 de agosto de 1972 miembros de las organizaciones guerrilleras Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y Montoneros intentaron concretar una fuga masiva de la cárcel de Rawson, donde se encontraban recluidos. Durante la huida murió un guardiacárcel. Seis jefes guerrilleros –Mario Roberto Santucho, del PRT, Marcos Osatinsky, de las FAR, Fernando Vaca Narvaja, Roberto Quieto, Enrique Gorriarán Merlo y Domingo Menna- lograron subirse a un avión secuestrado y refugiarse en Chile, desde donde partirían más tarde hacia Cuba.

Sin embargo, el objetivo perseguido -la fuga masiva de más de un centenar de personas- no logró alcanzarse. “Se formaron distintos grupos: un primer grupo de seis, que se fuga, un segundo grupo de 19, que es el que queda en el aeropuerto, y un tercer grupo de 110, que no alcanzó a fugarse”, señala el ex jefe montonero Fernando Vaca Narvaja, uno de los protagonistas de la fuga del penal de Rawson.

Las 19 personas a las que alude el líder montonero no llegaron al aeropuerto a tiempo para subir al avión y se rindieron el 16 de agosto ante los efectivos militares, solicitando garantías públicas por sus vidas en presencia de periodistas y autoridades judiciales. El capitán de corbeta Luis Emilio Sosa los condujo a hacia la Base Aeronaval Almirante Zar de Trelew.

“Lanusse sacó de jurisdicción al penal de Rawson y al Aeropuerto de Trelew y decretó el estado de sitio en el momento en que se estaba negociando. De esta forma, la máxima autoridad ya no era el juez civil sino el jefe militar de la base. Entonces, en vez de reintegrarlos al penal, se los trasladó a la base militar Almirante Zar y en la madrugada del 22 se da esta salvajada del fusilamiento. Los responsables directos fueron los capitanes Sosa y Bravo y parte del cuerpo de suboficiales de la Marina”, sostiene Fernando Vaca Narvaja.

En la madrugada del 22 de agosto los detenidos fueron instados a salir de sus celdas formando dos hileras. En ese momento, los militares dispararon sus ametralladoras y mataron a dieciséis de los diecinueve detenidos. De acuerdo con la versión oficial, uno de ellos, Mariano Pujadas, había intentado arrebatarle la pistola a Sosa en un nuevo intento de levantamiento. Sin embargo, los tres sobrevivientes de la masacre, María Berger, Carlos Alberto Camps y Ricardo René Haidar, gravemente heridos, aportaron sus denuncias y testimonios sobre el fusilamiento.

La versión de la Marina

“Los hechos ocurridos (en Trelew) han despertado dos actitudes en la gente que nos rodea. Unos pretenden acusar a la Armada de haber provocado una masacre intencional. Los otros, ante el hecho consumado, lo justifican y hasta lo aplauden, dada la peligrosidad de los presos. Ni unos ni otros tienen razón. La Armada no asesina. No lo hizo, no lo hará nunca. Se hizo lo que se tenía que hacer. No hay que disculparse porque no hay culpa. No caben los complejos que otros tratan de crear. La muerte de seres humanos es siempre una desgracia. Estos muertos (alude a los sediciosos) valen menos, en el orden humano, que el guardia cárcel Valenzuela (muerto el 15 de agosto en el operativo de fuga de la conducción guerrillera), que los humildes argentinos del orden público muertos en servicio.” (Declaraciones de Horacio Mayorga, jefe de la Aviación Naval –uno de los responsables de la represión en el campo de concentración que funcionó en la ESMA-, en La Prensa, 6 de septiembre de 1972.
Autor: Testimonios extraídos del libro Lo pasado pensado, de Felipe Pigna, editorial Planeta, 2005.
22 de agosto de 1972 - Masacre de Trelew

En esta fecha, dieciséis integrantes de distintas organizaciones armadas fueron asesinados en la Base Almirante Zar, en el episodio que se conoce como “la masacre de Trelew”. El 15 de agosto de ese año, miembros de las organizaciones guerrilleras -Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y Montoneros- que se encontraban detenidos en la cárcel de Rawson intentaron concretar una fuga masiva. Seis jefes guerrilleros –Mario Roberto Santucho, del PRT, Marcos Osatinsky, de las FAR, Fernando Vaca Narvaja, Roberto Quieto, Enrique Gorriarán Merlo y Domingo Menna- lograron evadirse del penal. Sin embargo, un grupo de 19 personas no llegó al aeropuerto y debió rendirse el 16 de agosto ante los efectivos militares. El capitán de corbeta Luis Emilio Sosa los condujo a hacia la Base Aeronaval Almirante Zar de Trelew. En la madrugada del 22 de agosto, los militares instaron a los reclusos a salir de sus celdas formando dos hileras y luego les dispararon. Dieciséis de los diecinueve detenidos murieron. A continuación, transcribimos un comunicado de la organización Montoneros aparecido un año después de la masacre.

Comunicado de Montoneros a un año de los hechos
Montoneros – Columna José Sabino Navarro – La sangre derramada no será negociada
Córdoba, 22 de agosto de 1973.

Los asesinos de Trelew como los asesinos de Ezeiza, los asesinos de cada militante y combatiente muerto en estos 18 años de lucha, más allá del rostro de sus ejecutores directos, tienen nombre y apellido común: son los dueños de la tierra y de las vacas, los patrones monopolistas aliados al capital imperialista que se enriquecen con nuestro trabajo, los milicos, guardia pretoriana del sistema, los burócratas sindicales y políticos a su servicio, los gorilas de siempre que usan la camiseta del pueblo para vivir a expensas del pueblo. El triste capitán SOSA y el oficial BRAVO, como Osinde, López Rega, Brito Lima y Norma Kennedy, míseros asesinos, son los brazos ejecutores y responsables directos y para ellos no puede haber ni olvido ni perdón. Pero por encima de ellos, insignificantes mercenarios, lo que está en juego es otra cosa: el proyecto de la burguesía para seguir usufructuando el poder, para seguir burlando las luchas populares, para seguir enriqueciéndose a costilla de los trabajadores y la dignidad nacional.

MONTONEROS COLUMNA JOSÉ SABINO NAVARRO quiere rendir, hoy, revolucionario homenaje a los héroes de Trelew y un homenaje revolucionario no puede ser sino reafirmar nuestra decisión empecinada de hacer realidad el sueño de los combatientes fusilados por la dictadura de los prepotentes, de los patrones y los milicos. Porque ese sueño no es sino la esperanza y la convicción de la clase obrera y el pueblo de hacer la PATRIA LIBRE, JUSTA y SOBERANA: LA PATRIA SOCIALISTA. Por ese sueño ofrendaron su sangre; por esa esperanza y esa convicción seguimos en la lucha, hasta nuestra sangre si es preciso.

Aquel 22 de agosto dijimos con toda nuestra bronca que la sangre derramada no será negociada y por eso seguimos en la calle movilizándonos contra la dictadura, golpeándola donde le dolía, por eso votamos el 11 de marzo por Perón y los héroes de Trelew contra Lanusse y su camarilla, por eso rescatamos a nuestros presos de las cárceles y apoyamos el gobierno popular de Cámpora contra los infiltrados que querían torcer su rumbo, por eso no nos confundimos con ese triunfo parcial y ese rescate porque sabíamos que los burócratas y los traidores estaban metidos como cuñas en nuestro movimiento y denunciamos sus maniobras, denunciamos su Pacto Social a espaldas del pueblo, denunciamos el afán desmovlizador a través de los aparatos sindicales manejados por matones, llamamos por su nombre a los usurpadores, dijimos Gelbard, Rucci, Miguel, Simó, Labat, repudiamos el golpe que nos impuso un presidente gorila y dijimos que ahora más que nunca era la hora de la organización de la clase obrera y el pueblo independiente de los burócratas y los burgueses.

Y hoy repetimos, ante los héroes de Trelew y ante la memoria de los compañeros JIMÉNEZ Y MOLINA que la SANGRE DERRAMADA NO SERA NEGOCIADA y por eso votaremos a Perón. Por el Perón que conocemos por 10 años de gobierno y 18 años de Resistencia. Por el único Perón que conocemos, aquel que hará lo que el pueblo quiere. Pueblo que dirá lo que quiere sin intermediarios, organizándose en torno a su clase obrera para ser consecuente con sus luchas, para ser fiel al ideal de los militantes muertos, para construir la PATRIA SOCIALISTA SIN EXPLOTADORES NI EXPLOTADOS.

Porque Perón y las bases organizadas son incompatibles con el régimen que quieren perpetuar los explotadores. Porque Perón y las bases organizadas son incompatibles con los gelbards y los lastiris, los ruccis y los migúeles. Porque Perón y las bases organizadas no creen en brujerías y sólo saben que la liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos. Porque la clase obrera y el pueblo no reconocen otros delegados que Pujadas y Astudillo, Susana Lesgart y Kohon, no reconoce otros consejos que los que forman los mártires del pueblo. Porque sabe que Evita hay una sola y está de este lado de la trinchera y nos alienta en la lucha.

Por eso proseguimos la lucha, por eso votaremos por Perón y los programas de Huerta Grande, La Falda y 1° de Mayo, votaremos por el control obrero en las fábricas donde nos roban nuestro trabajo, votaremos por la expropiación de los patrones monopolistas y los capitales imperialistas, votaremos por el castigo a los asesinos de Trelew y Ezeiza, votaremos por la democracia sindical. Votaremos, pero no nos quedaremos en el voto, organizándonos desde abajo como clase explotada y pueblo marginado, independiente de burócratas y burgueses comenzaremos a ejercer el poder real desde la fábrica y el barrio para que nadie nos joda, para que nadie se enanque en nuestras luchas ni usufructúe la sangre de nuestros mártires. Y lo haremos caiga quien caiga y cueste lo que cueste. Sabemos que la lucha es larga.

Sabemos que a la par de nuestras agrupaciones de base, de nuestras unidades básicas, deberemos desarrollar nuestras milicias armadas que convergerán algún día en el ejército del pueblo y que asegurará nuestra marcha hacia la Revolución Nacional y Social impostergable. Nos proponemos reconstruir el movimiento desde las bases, desde los objetivos de la clase obrera y el pueblo sin traidores ni burgueses. Con ellos no hay negociación posible ni pactos potables. Somos concientes de nuestra lucha como peronistas y revolucionarios y no nos desesperaremos con aventurerismo alguno y en este sentido decimos que nada tenemos que ver con una supuesta carta abierta al general Perón que no compartimos porque sólo la clase obrera y el pueblo organizado le dirá al general Perón lo que el pueblo quiere.

MONTONEROS COLUMNA JOSÉ SABINO NAVARRO se une así al justiciero homenaje a los héroes de Trelew, reafirmando su compromiso de que la sangre derramada no será negociada. Que haremos realidad la PATRIA JUSTA, LIBRE Y SOBERANA: LA PATRIA SOCIALISTA.

PERÓN O MUERTE
VIVA LA PATRIA

MONTONEROS COLUMNA JOSÉ S. NAVARRO


Fuente: www.elhistoriador.com.ar



Sobrevivientes de la masacre de Trelew

TESTIMONIO DE RICARDO RENÉ HAIDAR.

"Cuando llegamos al aeropuerto de Trelew, luego de la fuga del penal de Rawson, y comprobamos que el avión ya había partido, nos quedaba una alternativa: dispersamos en la dilatada meseta patagónica. Sin embargo desechamos de inmediato tal posibilidad porque las características geográficas de la zona eran adversas, y podíamos ser detectados fácilmente por las fuerzas represivas y muy probablemente eliminados sin damos la oportunidad de rendirnos. En consecuencia optamos por rendirnos en el aeropuerto, exigiendo las máximas seguridades posibles, consistentes en hablar con el periodismo, para que el pueblo verificara que estábamos vivos y en óptimas condiciones, la presencia del juez y la de un médico para que constatara nuestra integridad física. Como es de conocimiento público todo esto se cumplió con exactitud. Creíamos nosotros que ello bastaría para aseguramos la vida, que la dictadura no se atrevería a cometer ningún crimen desembozado. Por lo visto nos equivocamos.
"El oficial de infantería de marina que dirigió a las fuerzas de la dictadura en el aeropuerto, y ante quien nos rendimos formalmente era el capitán Sosa. Al principio su comportamiento fue correcto y hasta podría decirse cortés. Cuando fuimos conducidos hasta la base de la marina en la que quedamos incomunicados, nos acompañaron en el viaje el juez federal y el doctor Amaya. "Una vez llegados a la base fuimos alojados en calabozos en la forma que indica el plano número 1. El primer día el trato que nos dan es bueno, tanto es así que nos dejan durante todo el día el colchón y las mantas, hecho que no volverá a repetirse en los días siguientes. Sin embargo el buen trato dura poco. Cuando a la tarde del día 16 llega el capitán Sosa, pudimos observar en él un cambio radical. Se dirige a nosotros en tono muy agresivo diciéndonos por ejemplo 'la próxima no habrá negociación, los vamos a cagar a tiros'."

El primer día, la guardia especial de vigilancia estaba integrada por un oficial, tres suboficiales y un soldado armado por cada celda. Los soldados apuntaban permanentemente a los prisioneros sin el seguro puesto del arma. El segundo día son retirados estos soldados quedando sólo algunos en el pasillo, en la forma que indica el plano número 2.

La noche del día miércoles aparece por primera vez el oficial Bravo: éste es un sujeto alto, de tez blanca, pelo castaño claro casi rubio, bigotes espesos, de constitución delgada pero robusta, de 1,80 m de altura y unos 30 años de edad. Este oficial es el que observa la conducta más agresiva con los prisioneros. La noche del jueves nos quita los colchones y las mantas y nos inflige castigos, como por ejemplo hacemos apoyar la punta de los dedos contra la pared, con el cuerpo en plano inclinado en posición de cacheo, y tenernos así durante largo rato, hacernos acostar en el piso completamente desnudos también por largo rato, etcétera. Esta misma noche comienzan los interrogatorios. Aproximadamente a las dos de la mañana. Ellos eran efectuados por personas vestidas de civil entre los cuales había uno a quien Delfino reconoció como perteneciente a DIPA', lo que hace presumir que los demás también lo eran. Los interrogatorios se hacen todas la noches a partir de la madrugada del jueves entre las dos y las cinco de la mañana. Durante el día permanecíamos en la celda de las cuales sólo éramos sacados para comer o para ir al baño. Al principio yo estaba en una celda con Bonet, Toschi y Ulla, pero el último día me trasladaron a la de Kohon, por prescripción médica, en razón de que el frío me había producido colitis.
'Tos días miércoles y jueves se nos efectuaron reconocimientos por las ventanillas de las celdas, las que para impedir que nosotros viéramos a los observadores, habían sido cubiertas por un papel que poseía un pequeño visor para el observador. A partir del jueves, Mariano Pujadas es maltratado especialmente. En una oportunidad el oficial Bravo lo obligó a barrer el pasillo completamente desnudo.

"Nunca nos sacaban a todos juntos de las celdas, salvo en dos oportunidades. Cuando nos llevaban a comer éramos conducidos de a uno o de a dos. Al baño éramos conducidos individualmente. El día lunes a las 10.30 fue la primera vez que nos sacaron a todos juntos de las celdas y nos hicieron formar en tres grupos mezclados con soldados vestidos con ropas civiles en el hall de la guardia. Estaba presente el juez Quiroga. Allí se realizaron reconocimientos en rueda de presos.

TESTIMONIO DE MARíA ANTONIA BERGER.

"Queridos compañeros: No puedo sino dirigirme a ustedes para informarles acerca de los acontecimientos que los inquietan y que yo he vivido. Después de concretarse la toma del aeropuerto de Trelew, nos planteamos mis compañeros y yo la necesidad de garantizar nuestra seguridad física en el trato posterior a la rendición; de tal forma se logró una amplia certificación de nuestro estado físico, por parte de médicos y periodistas.
"El juez federal que intervino en la negociación de nuestra rendición prometió acceder a nuestro requerimiento de que se nos retornara al penal de Rawson en forma inmediata; dicho juez, al igual que el oficial de policía que lo acompañaba, se portaron en forma correcta. Al llegar las tropas de infantería de marina, las tratativas de la rendición se celebran con el oficial al mando de las mismas, capitán de corbeta Sosa, ante quien Mariano Pujadas, Rubén Pedro Bonet y yo insistimos en lograr que se nos reintegre a la unidad carcelaria, como condición previa a la rendición. Ante la oposición del capitán Sosa, se hace saber a él y al juez federal que a nuestro entender la base naval no reúne las mínimas garantías de seguridad en cuanto a nuestras vidas; para el supuesto caso que el penal de Rawson aún se encontrara ocupado militarmente por los compañeros alojados en éste, los tres nos ofrecíamos a gestionar y obtener la rendición incondicional de ellos.

"En estos términos se planteaba la discusión, aunque luego el capitán Sosa accede a los requerimientos y afirma que nos llevará hasta el penal. De esta forma se hace efectiva la rendición, y todos entregamos nuestras armas; momentos antes de ascender al micro que nos llevaría de regreso a la cárcel de Rawson, nos enteramos de que se nos lleva a la base naval Almirante Zar, bajo pretexto de que la zona se había declarado en estado de emergencia, por lo cual las órdenes recibidas por Sosa eran el traslado de los prisioneros a la base, para su alojamiento en ésta.

"Ascendemos al micro, un poco confiados por la garantía que nos ofrece el juez federal, siempre acompañado por el doctor Amaya; ambos nos acompañan en el micro hasta la base y en ésta hasta el pasillo mismo que conduce a nuestras celdas. Al despedirse de nosotros, el juez reitera que hará todo cuanto fuera necesario para garantizar nuestra seguridad física.

"Una vez en nuestras celdas, aproximadamente cuatro horas después, bajo pretexto de revisación médica, se procede a realizar prolija requisa a órdenes de oficiales médicos, quienes nos ordenan quitarnos la ropa hasta quedar totalmente desnudas; miran nuestros cuerpos prolijamente, tal vez en busca de algún arma aunque todos sabemos que la piel no tiene bolsillos ni mochilas. Esa madrugada, a las cinco horas recién nos hacen llegar mantas y colchones.

La custodia inicialmente se compone de doce conscriptos armados con fusiles FAL, FAP y otra arma larga automática a la cual no conozco, y suboficiales armados con PAM todos ellos, en detalle que luego se convertiría en común, con sus armas amartilladas, sin seguro y apuntando hacia nosotros. Posteriormente, al tercer día de nuestra permanencia en la base, son remplazados los soldados conscriptos por personal militar permanente, es decir cabos y suboficiales principales al mando de uno o dos oficiales, quienes ya forman parte de la dotación de custodia habitual.

"Comienza a endurecerse el trato dado a los prisioneros. Para ir al baño y a comer se nos lleva de a uno, con ambas manos apoyadas en la nuca, mientras nuestros carceleros nos apuntan con sus armas montadas y sin seguro, en forma continua se procede a maltratarnos; a los muchachos se les ordena hacer repetidas veces cuerpo a tierra totalmente desnudos, a pesar del intenso frío característico de la zona. También se nos obliga a hacer numerosos movimientos parándonos y sentándonos en el suelo, o sostener el peso del cuerpo con los dedos estirados y apoyados de punta en la pared durante mucho tiempo, hasta que el dolor es insoportable. Todo ello, mientras nos encañonan permanentemente con sus armas. Es de remarcar que este trato era conocido por todos los integrantes de la base, ya que muchos oficiales concurrían a vernos, deteniéndose a observar cuanto nos ordenaban hacer.

"Recuerdo una ocasión en la cual habíamos estado haciendo toda clase de movimientos ordenados por nuestros carceleros; en tal oportunidad, el teniente de corbeta Bravo colocó su pistola calibre 45 en la cabeza de Clarisa Lea Place, al tiempo que amenazaba con matarla porque ésta se negaba a colocarse boca arriba en el suelo. Clarisa, atemorizada, contesta con un débil 'No me mate'; el oficial vacila; luego baja su arma.
La tensión va aumentando; cada vez que un prisionero es sacado de su celda para ir al baño o para comer, y se lo llevan encañonándolo con las armas sin seguro, nunca sabemos si volveremos a ver con vida al que se aleja. Es notorio cómo la situación es progresivamente más tensa; lo sienten aun nuestros carceleros; tres disparos aislados y hasta una ráfaga entera de ametralladora cuyas marcas quedaron en las paredes, son muestras de un nerviosismo manifiesto que hacía que sus armas se les dispararan sin ellos darse cuenta.
"Una noche asistimos a un simulacro de fusilamiento, y como tal lo asumimos posteriormente. Aproximadamente a la medianoche nos despiertan con gritos; a oscuras nos obligan a tiramos cuerpo a tierra repetidas veces, sentamos y paramos en el suelo, etcétera, al tiempo que simulan ir a buscamos para llevamos, abren los candados, los cierran nuevamente; encienden y apagan las luces al tiempo que montan y desmontan repetidas veces sus armas. Escuchamos los cuchicheos de nuestros carceleros con otros oficiales que han llegado. Por señas le pregunto a un cabo qué estaba pasando y me contesta moviendo su dedo índice como si apretara el gatillo de un arma. Como cierre de una noche agitada, comienza un nuevo interrogatorio por los oficiales, ante quienes reiteramos nuestra negativa a declarar; amenazan a Alfredo Kohon con ser torturado si insiste en su negativa de declarar.

"El día anterior a los sucesos, concurre el juez a presenciar nuevos reconocimientos en rueda de presos; claro que sin enterarse del interrogatorio a que nos sometía personal de DIPA en una habitación cercana al lugar donde él presenciaba los reconocimientos.

"A las 3.30 de esa noche, me despiertan los gritos que profiere el teniente de corbeta Bravo, el cabo Marchan y otro cabo del cual ignoro su nombre [¿Maradino?]. Bravo es rubio, mide 1,85 m, lleva bigote, es bien parecido y tendrá treinta años; Marchan es morocho, de tez mate; su estatura es mediana y tendrá veintiún años; el otro cabo es de características obesas, mide 1,75 m es de tez blanca. Todos ellos profieren insultos a nuestros abogados, al tiempo que aseguran 'ya les van a enseñar a meterse con la marina'; a gritos, nos dicen que esa noche vamos a declarar, lo querramos o no.

"Escucho otras voces de otras personas diciendo cosas semejantes, pero no alcanzo a distinguirlas puesto que inmediatamente nos ordenan salir de nuestras celdas, caminando si levantar los ojos del Piso; noto que es la Primera vez que nos dan tal orden, pero no logro adivinar el motivo de la misma. Una vez en el pasillo que separa las dos hileras de celdas que son Ocupadas por nosotros, nos ordenan formar en fila de a uno, dando cara al extremo del pasillo y en la puerta misma de nuestras celdas. También observo que es la primera vez que nos ordenan tal dispositivo para sacarnos de nuestras celdas.

"De pronto, imprevistamente, sin una sola voz que ordenara, como si ya estuvieran todos de acuerdo, el cabo obeso comienza a disparar su ametralladora sobre nosotros, y al instante el aire se cubrió de gritos y balas, puesto que todos los oficiales y suboficiales comenzaron a accionar sus armas. Yo recibo cuatro impactos; dos superficiales en el brazo izquierdo, otro en los glúteos, con orificio de entrada y de salida y el cuarto en el estómago; alcanzo a introducirme en mi celda, arrojándome al piso, María Angélica Sabelli hace lo mismo, al tiempo que dice sentirse herida en un brazo, pero momentos después escucho que su respiración se hace dificultosa, y ya no se mueve. En la puerta de la celda, en el mismo lugar donde le ordenaron integrar la fila, yace Santucho, inmóvil totalmente.

"Reconozco las voces de Mena y Suárez por su acento provinciano, dando gritos de dolor. Escucho también la voz del teniente Bravo dirigiéndose a Alberto Camps y a Cacho Delfino, gritándoles que declaren; ambos se niegan, lo cual motiva disparos de arma corta después no vuelvo a escuchar a Alberto ni a Cacho. Escucho, sí, más voces de dolor, que son silenciadas a medida que se suceden nuevos disparos de arma corta; ahora sólo escucho las voces de nuestros carceleros, que con gran excitación comienzan a inventar una historia que justifique el cruel asesinato, aunque sólo sea válida ante ellos mismos.

"Escucho que se aproximan los disparos de arma corta. Es evidente que quien se halla abocado a la tarea de rematar a los heridos está cerca de mi celda; trato de fingir que estoy muerta, y entrecerrando los ojos lo veo parado en la puerta de mi celda; es alto como de 1,80 m, de cabello castaño aunque escaso, delgado; lleva insignias de oficial de marina. Apunta a la cabeza de María Angélica y dispara, aunque ésta ya estaba muerta. Luego dirige el arma hacia mí y también dispara; el proyectil penetra por mi barbilla y me destroza el maxilar derecho alojándose tras la oreja del mismo lado. Luego se aleja sin verificar el resultado de sus disparos, dando por sentado que estoy muerta.

"Continúan los disparos de arma corta, hasta que se hace el silencio, sólo quebrado por las idas y venidas de mucha gente; ellos llegan, nos miran; tal vez para cerciorarse si estamos ya muertos; cuando descubren algún herido parece que se tranquilizaran unos a otros, pues dicen que al desangrarse morirá; mientras, yo continúo tratando de no dar señales de vida.

"A la hora llega un enfermero que constata el número de muertos y heridos; también llega una persona importante, tal vez un juez o un alto oficial, a quien le cuentan una historia inventada. Cuatro horas después llegan ambulancias, con lo cual comienzan a trasladar, de a uno, los heridos y los muertos. Cuando llego a la enfermería de la base observo la hora ' son las 8.30; todo había comenzado a las 3.30. Me llevan a una sala en la enfermería, en la cual veo seis camillas en el suelo, con seis heridos; yo soy la séptima.

"Dos médicos y algunos enfermeros nos miran, pero se abstienen de intervenir. Sólo uno de ellos, un enfermero, animado por algo de compasión, quita sangre de mi boca; nadie atiende a los heridos, se limitan a permanecer atentos al momento en que dejen de serlo para integrar la estadística de muertos.

"A pesar de la cercanía de la ciudad de Trelew no requieren asistencia médica de allí, sino que esperan a que arriben los médicos desde la base de Puerto Belgrano, quienes lo hacen sólo a mediodía, o sea cuatro horas después de nuestra llegada a la enfermería. Los médicos recién llegados nos atienden muy bien; me operan allí mismo, surgiendo dadores de sangre entre los soldados. Recupero el conocimiento veinticuatro horas después de la operación, ya en un avión que me transporta a la base de Puerto Belgrano, donde la atención médica continúa siendo muy buena."

TESTIMONIO DE ALBERTO CAMPS.

"Después de nuestra rendición en el aeropuerto de Trelew, fuimos trasladados a la base aeronaval. Lo hicimos en compañía del juez federal Godoy y del doctor Amaya, quienes entraron junto con nosotros hasta el pasillo interior del cuerpo de edificio donde se encuentran las celdas en las que fuimos luego alojados. Nos hacen avanzar en grupos de tres y nos alojan en los diez calabozos existentes, uno de los cuales el N' 2 no estaba habilitado. Yo quedo en el calabozo N' 10 juntamente con Kohon, Delfino y Mena.

"Entre la noche del martes 15 y la madrugada del miércoles 16 nos revisan individualmente dos personas de civil, que más tarde identificamos como médicos navales. Uno de ellos gordo, pelado, de aproximadamente cuarenta años de edad, de un metro setenta de estatura; el otro algo más joven, de treinta y cinco años, pelo castaño claro, bigotes y anteojos. Ambos de piel blanca. La revisación es prolija. Previamente me desnudan de manera total. Existe preocupación por constatar si tengo lesiones, especialmente magulladuras, lastimaduras o heridas. No advierten lesión alguna.

"Me toman fotografías de frente y de perfil; me retiran todas mis pertenencias: cinturón, dinero, reloj.
"A las cinco de esa madrugada nos entregan colchonetas y dos mantas por persona, nos encierran en las celdas con cerrojo y candado y nos dejan dormir aproximadamente hasta el mediodía del miércoles 16.
"Esa noche aparece el oficial de la marina Bravo, de treinta años aproximadamente, rubio, bigotes, quien luego está casi permanentemente con nosotros, actúa desde el comienzo con rudeza y nos somete a un rígido trato militar.
"Esa misma noche fui víctima de un castigo que me impuso el capitán Sosa. Yo conversaba con mis compañeros en la celda. Sosa me prohibió hacerlo y me impuso silencio. Me ordenó entonces ponerme de pie y dispuso, impartiendo a un suboficial la orden correspondiente, que pasara toda la noche de plantón. Invocó el honor del ejército y la marina y nuestro sometimiento a las autoridades militares. Más tarde, mientras yo cumplía dicho plantón, dejó sin efecto la sanción. Esa noche dormimos sin ser molestados de manera especial.

"La custodia, a la vez que impresionante, era en cierto modo ridícula.

"En el pasillo entre las dos líneas de celdas estaban apostados soldados y suboficiales con las armas sin seguro, en número tal que para caminar era menester abrirse camino entre soldados y oficiales.

"Para sacamos de las celdas se usó al comienzo un procedimiento muy singular. Obtenido el permiso para salir con diversos motivos, por ejemplo, para ir al baño, se desalojaba el pasillo, se abría la celda y se nos hacía caminar en dirección al hall encajonados de frente por varios hombres uniformados con las armas sin seguro y apuntando. Luego, al llegar a la puerta de salida de ese hall, nos daban la voz de alto y desde allí nos conducían al baño encajonados desde atrás a muy corta distancia, caminando lentamente entre soldados y oficiales armados apostados cada dos metros. Un soldado ingresaba con cada uno de nosotros al baño y permanecía allí, encañonándonos, hasta que concluyéramos nuestras necesidades.

"Así transcurrió el día miércoles 16 hasta la noche del jueves 18. Desde entonces, regularmente, nos entregaban las colchonetas y las mantas a las diez de la noche y las retiraban alrededor de las cuatro, hora en que nos conducían individualmente para someternos a interrogatorios en el ala contigua del mismo edificio, en una habitación en donde éramos interrogados por oficiales de la marina y del ejército y por personas de civil, funcionarios policiales de organismos nacionales de seguridad.

"Todos sin excepción -yo desde luego- nos negamos a responder a las diversas preguntas que nos formulaban, negativa que provocaba las consiguientes amenazas, agravios e insultos cada vez más agresivos y apremiantes. Las noches siguientes no nos daban las colchonetas y mantas sino después de esos frustrados interrogatorios, es decir después de las cuatro de la madrugada.

"Ya a esta altura, dentro de las mismas celdas nos sometían a un trato muy duro, típicamente militar: cuerpo a tierra, sostener el cuerpo con los dedos apoyados sobre la pared, órdenes militares de echarse a tierra y levantarse, etcétera. Las órdenes imperativas nos eran dadas a través del ventanuco de la celda y quien especialmente lo hacía era el oficial naval Bravo y un suboficial de nombre Marshall o Marchal.
"Los insultos y amenazas eran cada vez más habituales y el tratamiento cada vez más duro y agresivo. Se insistía siempre en la orden de que debíamos declarar y todas las presiones y amenazas se dirigían a ese objetivo.
La noche del 22 de agosto se advirtió, con la natural sorpresa nuestra, un cambio bastante notorio. Por una parte, les cabos -ya a esa altura no se advertía la presencia de simples soldados, y todos los que actuaban en nuestra custodia eran oficiales y suboficiales de marina- se mostraron más 'blandos' y hasta amables, incluso entablaron diálogos con alguno de nosotros; y, por la otra, nos llamó la atención que nos entregaran las colchonetas y mantas bastante temprano, a una hora entonces desacostumbrada, inmediatamente después de habernos dado de comer, aproximadamente a las diez de la noche.

"No nos interrogaron esa noche y alrededor de las 3.30 de esa madrugada nos despertaron dando patadas sobre la puerta de las celdas y haciendo sonar violentamente pitos por el mismo ventanuco.

"Además, por primera vez, abrieron todas las celdas. Antes siempre lo hicieron celda por celda. Nos ordenaron salir y colocamos de espaldas a las puertas de las celdas. Nos dieron la orden de bajar la vista y poner el mentón sobre el pecho. Yo estaba con Delfino en la mencionada celda N° 10 y ambos acatamos la orden. Pasaron uno o dos minutos desde que salimos de la celda y apenas instantes desde que todos bajamos la mirada y colocamos el mentón sobre el pecho.

"Sentí entonces, casi de inmediato, dos ráfagas de ametralladora. Pensé en fracción de segundos que se trataría de un simulacro con balas de fogueo. Vi caer a Polti que estaba de pie sobre la celda N' 9, a mi lado; y de modo casi instintivo me lancé dentro de mi propia celda. Otro tanto hizo Delfino. De boca ambos en el suelo, Delfino a mi derecha, permanecimos en esa posición, en silencio, entre tres y cuatro minutos. Nuestro único diálogo fue el siguiente: Delfino dijo 'Qué hacemos', yo contesté algo así como No nos movamos'.

"Durante ese breve lapso escuché una o dos ráfagas de ametralladora al comienzo, luego varios tiros aislados de distinta arma, gemidos y ayes de dolor y respiraciones agotadas o sofocadas. Luego se introdujo en la celda, pistola en mano, el oficial de marina Bravo. Nos hizo poner de pie con las manos en la nuca.
"Dirigiéndose a mi me requirió en tono muy duro -parecía muy agitado- si iba o no a declarar. Respondí negativamente y sin nuevo diálogo ni espera me disparó un tiro en el estómago con su pistola calibre 45. No apuntó y disparó desde la cintura. Acto continuo le disparó a Delfino. La distancia no alcanzaba al metro o metro y medio. Estábamos en la mitad de la celda y Bravo había traspuesto la puerta y se encontraba dentro.
"Yo caí sobre el lado izquierdo mirando hacia la puerta; y Delfino a mi derecha. Sus pies quedaron a la altura de mi abdomen y me oprimían. No sentí que Delfino se moviera cuando. Con mucho esfuerzo corrí unos centímetros sus pies. Quedamos allí entre diez y treinta minutos. No puedo precisar con exactitud el tiempo. No perdí totalmente el conocimiento. Entraron algunas personas. Les oí decir que yo estaba herido. Adopté el temperamento de no moverme ni quejarme.

"Al cabo de ese lapso que no puedo precisar con exactitud, llegaron enfermeros navales. Usaban chaquetas azules y un gorro blanco. Nos colocaron sobre camillas y me transportaron esquivando cuerpos caídos en el pasillo, pasando de hecho sobre ellos. Me depositaron en una ambulancia. Era aún de noche.
"Me llevaron a una sala médica. No me sometieron a ninguna curación. Apenas si me limpiaron la herida y creo que me dieron un calmante. Presumo que así fue porque me dormí. Allí pude ver a María Antonia Berger, Alfredo Kohon, Carlos Astudillo y Haidar.

Luego, en avión, ya de día -ignoro la hora- me trasladaron a Puerto Belgrano. Allí fui operado. También allí me entrevistó el juez naval ante quien declaré sobre estos hechos y ante quien firme mi declaración."

Fuente: www.elhistoriador.com.ar

Entrevista a los sobrevivientes de Trelew *

Autor: Francisco "Paco" Urondo
"La Patria Fusilada"

María Antonia Berger, Alberto M. Camps y René Haidar, son los únicos sobrevivientes de la masacre del 22 de agosto de 1972 en Trelew, Argentina. En la noche del 24 de mayo de 1973, los presos políticos de Villa Devoto ocuparon las plantas celulares, hicieron pintadas, confeccionaron banderas y se prepararon a salir en libertad. Desde las 9 de esa noche hasta las 4 de la madrugada del 25, en un clima de fiesta creciente -insomnio, canciones y consignas-, Francisco Urondo recogió estos testimonios en una celda del celular Nº 2. Integran el libro La patria fusilada.

ALBERTO MIGUEL CAMPS: Otra cosa que indudablemente estaba dentro del plan de la masacre en la Base de Trelew, era que los cuatro turnos de guardia que había, dividían el día en pedazos de 6 horas, pero el capitán Bravo se las arreglaba siempre de noche. La mayor parte de las guardias las cubría él, con su equipo, las nocturnas y las diurnas. Prácticamente yo diría que dormía un turno, seis horas, y después estaba todo el día.

¿Vos creés que tenían ya la orden de fusilamiento?
A.M.C.: Pienso que la fueron madurando ahí mismo.

¿No les parece que fue determinación de afuera?
A.M.C.: Sí, porque la Junta de Comandantes se reúne la víspera.

RICARDO RENÉ HAIDAR: Ahí yo creo que hay varios elementos, aquí, en el marco general de estos bichos. Por un lado, la masacre es un acto premeditado pero no es inmediato a la fuga, sino que es algo que ellos lo elaboran después de analizar una serie de cosas entre las cuales se cuenta la actitud del gobierno de Chile, si daba o no asilo a los compañeros. Y por otro lado, y fundamental, las relaciones con el general Perón. En ese momento se estaba un poco definiendo el límite del plazo dentro del cual el general Perón, para ser candidato, tenía que regresar. Realmente ellos creían que la jugada de la cláusula del 25 de agosto era una jugada muy importante, un poco una clave dentro del proceso electoral. Para limitar de hecho y legalmente, para ellos legalmente, la candidatura de Perón en un acto eleccionario. Así, mediante una masacre de ese estilo, o mediante un acto como el que luego hicieron, pueden haber pensado varias cosas: que si el General Perón tenía intenciones de regresar, con ese hecho podían intimidarlo; que eran capaces de asesinar para mantenerse en el poder y que tenían poder para asesinar, para hacer una cosa de ese estilo impunemente. Por supuesto, ya el General Perón había dejado en claro que él iba a volver cuando se le diera la gana y cuando estuvieran dadas las condiciones. Pero seguía especulándose, es decir, la perspectiva de que el General Perón volviera no había desaparecido; hasta el último día de ellos no tenían la certeza de nada.

MARÍA ANTONIA BERGER: Yo lo completaría con algunos otros elementos. No los doy en orden, pero los voy a ir señalando. Sabían quiénes eran, la calidad de los compañeros que estaban fugados y que eran realmente un grupo de rehenes que lo podían jugar muy bien. Eso, por un lado.

¿Los que estaban adentro?
M.A.B.: Sí. Habían tenido tiempo de estudiar quiénes eran los que estaban en su poder. Por otro lado, siguiendo con tu análisis, te voy a dar otro elemento: creo que uno de los objetivos del GAN consiste también en aislar a Perón de la guerrilla y a la guerrilla del pueblo. Un poco cuando hablamos de ese trípode que lo constituyen Perón, el pueblo y las organizaciones armadas, con un golpe así a la guerrilla, y unido a eso, creo que el poder militar quería mostrar lo que evaluaba como incapacidad de respuesta en ese momento, tanto de las organizaciones como del pueblo. Pensaban que esa acción punitoria contra la guerrilla iba a alejar a la guerrilla del pueblo, un poco porque la guerrilla no estaba en condiciones de responder inmediatamente. Eso se demostró en los hechos, nos golpearon y no pudimos en ese momento mostrar una capacidad de respuesta inmediata. También estaba la incapacidad que se tenía en ese momento de generar movilizaciones para denunciar un hecho así. Pienso que era una de las cosas que el poder militar evaluó con la guerrilla. Es cierto que se estaba en un momento bastante crucial, que no se sabía lo del 25 de agosto, un momento de desconcierto.

Vos lo que decís es que ellos evaluaron que las posibilidades de reacción inmediata eran prácticamente imposibles, que en alguna medida era cierto, pero creyeron que la no reacción inmediata suponía una neutralización.
M.A.B.: Claro, y el hecho de que nos podían golpear así, iba a ser un desprestigio que lo podían superar rápidamente. Y sobretodo pienso que era separarnos a nosotros de Perón y del pueblo.

Considerando la posibilidad de miedo por parte del pueblo y la posibilidad de romper el proceso electoral.
M.A.B.: Aparte que lo obligaban a Perón a definirse de alguna manera. Pienso que son todos los elementos que se juegan a nivel de decisión y que lo deben haber estudiado.

Con el aporte de las ideas que se iban madurando en la Bas,e seguramente. Digo, como conjetura. Un análisis político, por un lado, y por otro lado, el aporte de estos señores que tenían la relación directa con ustedes.
M.A.B.: Yo creo que esto lo vinieron madurando desde bastante antes.

A.M.C.: Conversando con compañeros que habían sido detenidos en Trelew después de la masacre, y que estuvieron acá en Villa Devoto, se rumoreaba que la orden que ellos habían recibido, que había partido de la Junta, era arrasar con el Aeropuerto, que un poco fue uno de los elementos que hizo que la entrega fuera inmediata. Se evaluaba que era necesario hacer una entrega antes de que llegaran las órdenes de la Junta. Un poco el hecho de que ese grupo de la Marina, a la mañana, ya estuviera avanzando sobre el aeropuerto, o sea que la idea de exterminio estaba jugando antes de la masacre. Aparte, es lógico por toda una serie de hechos anteriores: se ve que dentro del GAN una de las piezas importantes es, si bien no terminar con la guerrilla, darle golpes lo más demoledores posible; por eso muchos compañeros, al ser arrestados e identificados, eran asesinados. Directamente, o rematados.

La aplicación de la pena de muerte, el remate de compañeros heridos en operaciones.
R.R.H.: Desde mucho antes esto viene pasando.

A.M.C.: Pienso que es parte de una política, que alcanza en Trelew su más alto grado. O sea que esos elementos jugaban indudablemente, no es un hecho totalmente aislado, una represión específica a la guerrilla.

M.A.B.: Yo diría no solamente una represión específica a la guerrilla, sino a todo un sector del pueblo, o que surge del pueblo, tratando de expresar su descontento, porque no solamente es contra la guerrilla sino también con las movilizaciones sindicales.

Como cae Jáuregui, por ejemplo, o como caen los compañeros anónimos, todos los días, en las villas miseria. Es decir, que todo interés defendido por alguien, que pertenezca a una clase popular, recibe ese tratamiento. Digamos que la masacre que se va a producir está encuadrada dentro de una política de exterminio concreto y de intimidación a través del asesinato, que produce el régimen tranquilamente, desde muchos años atrás. Del 16 de junio del 55 en adelante.
M.A.B.: Es toda la violencia en su forma más descarada.

R.R.H.: Forma parte de una política. Al saber ellos la gente que tienen en la Base, piensan "le damos un fuerte golpe a la guerrilla". Una política de desarmar a los grupos embriones de vanguardia. Porque sabían el peligro que implican. Yo creo que eso constituyó un ejemplo claro de lo que fue el GAN. El GAN no fue lo que declaró últimamente Lanusse, en los meses de abril y mayo, después del triunfo del pueblo. El GAN fue una serie de maniobras maquiavélicas, montadas con todo cinismo y con el claro fin de engañar nuevamente al pueblo; de la mejor manera posible, eso sí. De la forma más sabia, tratando de lograr así el desplazamiento de Perón y la integración del peronismo al sistema. Eso está clarito porque ahí se conjugan dos cosas: la represión violentísima, el asesino impune, por un lado, en la represión a la guerrilla, y la represión al pueblo, porque la guerrilla no es sino la expresión política del pueblo en condiciones de represión y opresión extremas. Por otro lado, la maniobra política, el tan mentado "juego limpio" en el cual se proscribe al general Perón de una manera "legal".

La proscripción aparece como elemento que reemplaza a la posibilidad de complicidad de Perón con la traición al pueblo. No te olvides que la política del GAN se desencadena con el primer viaje de Paladino a Madrid, donde la misión que tiene, según se dice, es pedirle a Perón la desautorización de las formaciones especiales, cosa que Paladino no trae.
M.A.B.: Yo creo que todos los elementos que acá estamos señalando muestran la faz represiva del GAN: a parte de ser una instancia que corresponde a un poder que representa determinados intereses, yo creo que con respecto a lo que fue Trelew, es una maniobra muy vinculada a un política.

No es un acto de histeria, digamos.
M.A.B.: Pienso que ahí si corresponde eso de que nosotros no evaluábamos bien de qué manera esa medida del GAN era la medida de un enemigo ya en retirada en aquel momento; como lo vemos ahora con mucha más claridad. Trató así de separarnos de Perón, impidiendo toda posibilidad de encuentro, que es lo que se dio en los meses posteriores; la unidad entre el pueblo, las organizaciones armadas y Perón. Creo que tienden directamente a eso.

Ahora, también hay ahí un problema que es el tiempo récord en que las formas de lucha, el grado de violencia como el que expresa la guerrilla, son aceptados popularmente. Creo que los militares nunca supusieron que el pueblo lo iba a aceptar, porque ellos creían que esto no era producto de un proceso que el mismo pueblo venía haciendo, sino algo que venía de afuera. Por el hecho de que la extracción se clase de mayor parte de los compañeros de la guerrilla no pertenecía al pueblo, pensaron que el pueblo iba a rechazarlos, porque parecería que hay ignorancia en el problema ese de la diferencia que hay entre extracción de clase y pertenencia de clase. Entonces creyeron que era algo de afuera y que el pueblo no lo iba a aceptar. Y en tiempo récord lo aceptó. ¿Por qué? No porque la guerrilla sea fabulosa, no porque el pueblo sea fabuloso. No, sino porque el pueblo mismo tenía experiencia de violencia y de lucha que venía haciendo por sí solo.
A.M.C.: Eso estaba fuera de los cálculos de estos señores.

M.A.B.: Eso creo que fue el gran error de ellos, o uno de los errores, y también pensar que Perón se vendía por una presidencia, una cosa así, que lo estimaban muy cortamente a Perón y a todo lo que significaba el movimiento peronista. Ese creo que es uno de los errores, no ver qué tipo de contendiente tienen en Perón.

Precisamente, siempre en sus análisis, en sus proyectos políticos, aún en los más sagaces como fue el GAN, subestimaron la envergadura política de Perón y la presencia del pueblo con toda su experiencia. Esto es bastante claro.
M.A.B.: Sí, creo que subestimaron claramente el grado de incidencia que tenía la guerrilla en el pueblo. Creo que lo demuestra la reacción, que fue unánime, de repudio a la masacre.

Además, en la campaña es una de las consignas principales de la lucha electoral que reúne a seis millones de votantes, es decir, a más del cincuenta por ciento de los electores argentinos: "Ya van a ver, ya van a ver, cuando venguemos a los muertos de Trelew" es una de las constantes de una campaña que se caracteriza no por sus discursos sino por las consignas, y ésa fue una de las principales, en una campaña que se apoyó en consignas y no en discursos. Bueno, volvamos a esos días. Creo que queda claro el sentido político; creo que está completa la explicación política de la masacre.
M.A.B.: Creo que lo tendríamos que ver con un poco más de profundidad porque nunca lo hemos analizado así a fondo, yo creo que es la primera vez.

R.R.H.: Se ha dicho que la masacre de Trelew fue una decisión de la Marina, que Lanusse tuvo que asumirlo o tragárselo en contra de su voluntad o sus deseos de hacerlo. A mi me parece que, en ese sentido, no es cierto; la decisión fue una decisión conjunta, con total acuerdo. No fue un acto de delirio de Mayorga ni de ningún descolgado de la Marina, sino que fue un hecho de conjunto.

Es decir que adoptaron una política como decían ustedes recién.
M.A.B.: Ahora, lo que sí, les costó mucho instrumentarlo. Yo, lo que no sé, es si ya lo tenían pensado desde un principio o no.

Creo que es un poco anecdótico conjeturar si lo tenían pensado desde un principio o no. A lo mejor se les ocurrió de entrada o no; lo que sí, fueron consecuentes con su política.
A.M.C.: Supongo que uno de los elementos que es necesario rescatar -indica la mala evaluación que hacían de esta guerrilla-, es la reacción popular frente a la masacre; y que yo pienso que ya empieza a marcar esa retirada. Porque, a partir de entonces, se empiezan a dar una serie de hechos que articulan las movilizaciones y el accionar de la guerrilla, la táctica de Perón que culmina con el 11 de marzo. Habría que empezar a analizar toda otra etapa, lo que ahí comienza.

Algunos compararon Trelew con Moncada. El Moncada nuestro.
A.M.C.: Indudablemente, el régimen comete un error basado en caracterizaciones incorrectas.

R.R.H.: Es decir, es una síntesis. Más que valoraciones incorrectas, pasa que ellos no están en condiciones de producir otra cosa. Recurren a los elementos que tienen como clase. Tienen una visión totalmente errónea de lo que es el pueblo. Recurren a la utilización de la fuerza, de una violencia indiscriminada, que es su forma de mantenerse en el poder; no tienen una práctica de convicción, de persuasión, sino todo lo contrario: su experiencia de poder es una experiencia de fuerza, no es otra. En otro aspecto tienen necesariamente que fracasar, en el aspecto del análisis, del conocimiento del pueblo, el conocimiento del mismo Perón, es imposible que lleguen a comprender cuál es el manejo del General Perón. Es totalmente imposible. En ese sentido están totalmente en desventaja, qué diablos van a comprender ellos.

Si entendieran algo, producirían otro tipo de política y dejarían de responder a un interés de clase automáticamente.
M.A.B.: Pero vos fijate que nosotros, en un principio, cuando analizamos el GAN, decíamos qué inteligente, sobreestimábamos su capacidad. Creo que así como los sobreestimábamos a ellos, subestimábamos al movimiento. Porque nosotros teníamos también un desconocimiento de lo que era el movimiento y del grado de desarrollo de su conciencia.

Más que subestimación entonces, sería un desconocimiento.
M.A.B.: Sí, pero ese desconocimiento te lleva implícitamente a un acto de subestimación.

R.R.H.: Yo pienso que en análisis que hacíamos nosotros del GAN, decíamos qué inteligente o qué sutil, como habías dicho vos, la maniobra, porque aparecía montada y había elementos dentro del peronismo incluso, que se prestaban para esa política. Y nosotros sabíamos que debíamos combatir a esos elementos; y en el enfrentamiento, se fueron derrotando. Fuimos derrotando a la represión, pero quiero dar a entender que se fue saliendo al paso al plan del enemigo, y así como en aquel entonces nosotros no visualizábamos las elecciones, o mejor dicho, las visualizábamos como tramposas -porque había sido la salida que eligió el enemigo, con las características que el enemigo quería darle-, era lógico nuestro alerta sobre el problema y estábamos dispuestos a darle batalle. Pero pienso que si bien el enemigo hizo evaluaciones incorrectas, por ejemplo la caracterización de Perón (ellos pensaron que se iba a vender por el uso del uniforme y los sueldos atrasados), había otro elemento, como sectores traidores del movimiento dispuestos a servir de base a esa política, a los que había que combatir, ¿no?, y habrá que seguir combatiendo mientras existan. Incluso nuestra visualización del GAN en aquel momento respondía a que ese juego de cosas todavía no se había puesto en movimiento totalmente. Insisto, a partir de agosto por utilizar como mojón la masacre, se dan una serie de hechos que tienen una importancia terrible para esta batalla, como es por ejemplo, el 17 de noviembre.

Sí, la graficación de eso es que ustedes a menos de un año, a nueve meses de la masacre, de sobrevivientes casi accidentales de la masacre, hoy en Villa Devoto, en las vísperas de que asuma el gobierno popular, están esperando que venga todo el pueblo concretamente a sacarlos.
M.A.B.: Cosa que no concebíamos ni en los cálculos más optimistas.

R.R.H.: La vez pasada, leyendo los titulares de un diario había uno que decía: "El juego pendular de Lanusse". Yo pensaba, cómo son Perón y Lanusse las dos contrapartes; si uno jugaba en una forma pendular en lo político, el otro tenía que hacer lo mismo, necesariamente. Lo que pasa es que el general Perón tiene mucha más antigüedad que Lanusse en el juego pendular.

M.A.B.: Lo que pasa es que el juego pendular de Lanusse es una cosita...

Este no es un problema de simetría sino un problema de dialéctica.
R.R.H.: Me inclino a pensar que el que llevaba la manija era el general Perón.

M.A.B.: ¡No tenemos líder, eh!

Volvamos a Trelew.
A.M.C.: Durante esos días, aparte de la figura del capitán Bravo, que se destaca, como te decía, inmediatamente, hay algunos hechos que de alguna manera preanuncian, que pueden servir de elementos para juzgar que el plan estaba diseñado ya un par de días antes. Era lo que vos contabas los otros días, el día en que apagan las luces del pasillo.

M.A.B.: Es una noche en que nos sacan los colchones a la una de la mañana, apagan las luces del pasillo y se oyen movimientos raros de armas, risas. Decían "bueno, vamos ahora", "no, no" y cosas así. Era una situación no común, aparte de que había gente extraña que circulaba por los pasillos. Antes, cuando había habido luz, habíamos vistos tipos, caras nuevas.

¿Uniformados?
M.A.B.: No, no. Es decir, van a ser los que nos interrogan, porque esto culmina con un interrogatorio, que para ellos es el primer interrogatorio y para nosotros el segundo. Nosotros le preguntamos a un suboficial qué pasaba y él nos hacía la seña con el dedo como que van a tirar. Como que la cosa viene pesada. Entonces nosotros lo que supusimos era que iba a haber un simulacro de fusilamiento, lo charlábamos entre nosotras, yo estaba con la Sayo Santucho y con la Susana Lesgart y ya dijimos "bueno, ahora en cualquier momento estemos pensando que van a tirar tiros", incluso decíamos "cualquier cosa, nos ponemos cuerpo a tierra y no nos asustemos". Estábamos un poco, no digo que asustadas, pero sí bastante tensas con la situación. Y en un momento vos sabés que incluso sacan los candados, hacen un movimiento con los candados. Lo que yo evalúo es que nos abrieron los candados, pensando que por ahí nosotros intentábamos salir, porque hicieron mucho juego con los candados. Y vuelve a pasar ese mismo suboficial y le volvemos a preguntar "qué pasa" y nos sigue haciendo esa seña, y se oye que cargan y descargan las armas, y después no pasa nada. Después nos interrogan. Yo pienso que, en aquel momento, también ya se les ocurría eso, pudo haber sido un intento de que nos rebeláramos, porque aquella noche, no sé si se acuerdan, nos verduguearon como locos, nos tuvieron toda la noche apoyados contra la pared y sin dejarnos dormir.

¿Afuera, en los pasillos?
M.A.B.: No, no, adentro. Nos provocaron mucho, mucho. Me acuerdo que se ponían en el pasillo con un pito y nos ordenaban que nos pusiéramos contra la pared, que nos paráramos, nos sentáramos, nos paráramos, nos sentáramos, así toda la noche.

R.R.H.: Y vos decís que ellos ya tenían alguna decisión sobre...

M.A.B.: Mirá, yo creo que nos estaban provocando.

R.R.H.: ¿A qué hora fue eso?

M.A.B.: Eso fue cuando el primer interrogatorio, unos dos o tres días antes. Después, a eso de las cuatro de la mañana, nos empiezan a sacar y a interrogar de a uno.

¿Vos no estabas allí?
R.R.H.: Sí.

A.M.C.: Lo que pasa es que Haidar y yo estábamos en las últimas celdas. Realmente había diferencias entre la visión que vos tenías de los marinos que nos custodiaban; generalmente, al fondo llegaba poco de todo esto. Yo, por ejemplo, esa noche, me acuerdo que pensaba "puta, el jueguito que se inventó este Bravo para jodernos", porque nos poníamos a cabecear con Delfino cuando hacían silencio, y de pronto aparecía el suboficial tocando pito adentro de la celda, a través de la ventana. Es decir, cosa de joderte, dejarte entrar en sueño y despertarte.
Fuente: www.elhistoriador.com.ar
Otra nieta recuperada

Las Abuelas de Plaza de Mayo encontraron otra hija de desaparecidos, con lo que suman 93 las personas que recuperan su identidad tras ser apropiadas durante el cautiverio de sus padres durante la dictadura. Se trata de una muchacha de 30 años, nacida en cautiverio en febrero de 1978, luego de que sus padres, Juan Cugura y Olga Casado, fueran secuestrados en 1977 en Rawson, Chubut. La joven, que reside en la provincia de Santiago del Estero con sus apropiadores, iba a encontrarse ayer con sus familiares en La Plata. La presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, le informó esta semana a Marina Cugura, tía de la joven (que es veterinaria y se llamaría Alejandra), que los resultados del ADN confirmaron en un 97 por ciento que la muchacha es hija de su hermano desaparecido. De todos modos, esa organización daría detalles del caso después de que se produzca el encuentro. Juan Cugura y su hermano José, también desaparecido, eran militantes del Partido Justicialista antes de ser secuestrados por la Marina. También se llevaron a sus esposas, que estaban embarazadas. A partir de una iniciativa de Abuelas de Plaza de Mayo, unos 3300 jóvenes acudieron a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) para investigar su procedencia, en vista de que se calcula que unos 500 bebés fueron robados a sus padres durante la dictadura.

EMPEZO EL JUICIO POR LA REPRESION EN EL PRIMER CUERPO DE EJERCITO

Deslindando responsabilidades

Con el apoyo de un séquito de brigadieres retirados –entre ellos Capellini, precursor del golpe del ’76– empezó el proceso contra los aeronáuticos Mariani, Comes y Barda. Los dos primeros dijeron que participaron de “la lucha antisubversiva”.

Por Alejandra Dandan

Anoche, durante más de dos horas, declararon los dos brigadieres que comenzaron a ser juzgados en el primer juicio oral por los crímenes del Primer Cuerpo del Ejército. Se trata de los represores Hipólito Rafael

Mariani y Cesar Miguel Comes, ambos a cargo sucesivamente de la VII Brigada Aérea de Morón, donde funcionó la Mansión Seré, y hoy excarcelados. Ante el tribunal, reconocieron que habían sido parte de la “lucha antisubversiva”, pero dijeron que “no tenían posibilidad de acción”. “Si bien teníamos que luchar contra la subversión, no teníamos capacidad para hacerlo porque estábamos preocupados por la guerra con Chile.”

Mariani y Comes declararon luego de casi diez horas de audiencia, ante el Tribunal Federal Oral 5 que lleva adelante el juicio. Con ellos, el Tribunal también juzga al teniente coronel Alberto Pedro Barda, ex comandante del Grupo de Artillería de Defensa Aérea 601 de Mar del Plata, donde est

aba la Estación de Radar de la base aérea, bajo la cual funcionó el centro clandestino de detención recordado como La Cueva. A su turno, Barda se negó a declarar. Pero Mariani y Comes aceptaron.

Ambos hablaron durante más de una hora. Y entre otras preguntas, contestaron al fiscal general Félix Crous. Tanto uno como otro coincidieron en aceptar su rol al frente de lo que llamaron la “Fuerza de Tarea 100”, un grupo operativo de la Fuerza Aérea, del que se desprendían cuatro grupos de tarea. Ambos dijeron que los grupos no contaban con más de sesenta hombres en cada unidad y que estaban destinados a la lucha “antisubversiva”.

Luego de ese punto explicaron lo que a ojos de la querella integrada por los abogados de las víctimas es “una coartada”. Y fue la explicación sobre sus roles. Dijeron que “no tenían posibilidad de acción” porque como fuerza, la Fuerza Aérea, estaba dedicada a pensar en el conflicto con Chile. Que en ese sentido, “era el Ejército el que tenía la parte operativa de la lucha contra la subversión”. Hicieron referencia en cambio a un caso en el que desplegaron a la Fuerza de Tarea, para proteger a la selección de Holanda durante el Mundial de 1978 que paraba en la zona donde se desempeñaba la fuerza.

Tanto Mariani como Comas están acusados de tormentos reiterados y privación ilegal de la libertad agravada por el uso de la violencia y amenazas. A Mariani le imputaron 7 casos y a Comes, 5. Todos los casos pertenecen a personas que estuvieron secuestradas en el centro clandestino de detención conocido como Mansión Seré. Entre ellos hay incluso un desaparecido. En la audiencia, ellos también negaron haber tenido noticias del funcionamiento de la Mansión. Dijeron que “estaba fuera de su órbita”, que “dependía del área de Inteligencia” y que recién conocieron de su existencia durante el Juicio a la Juntas de Comandantes cuando se los preguntaron.

Para la querella, ambas declaraciones están en línea con lo que cada uno fue diciendo a lo largo de la causa. “Se deslindan las responsabilidades, porque es absolutamente falso lo que están diciendo, porque las condecoraciones que recibieron por la ‘lucha contra la subversión, así lo indican”, dijo a este diario el abogado Pedro Dinani de la querella. “El perfil de ellos no es el de Bussi ni el de Menéndez, son tipos correctos y preparados y además tuvieron más de treinta años para declarar

.”

Como en un regreso de los muertos vivos, a las ocho de la mañana el teniente coronel Barda llegó en un taxi a la puerta de los tribunales de Retiro. Bajó del coche sin el control de ninguna guardia policial, munido con un bastón que no abandonó de allí en adelante. Detrás, llegaron los otros dos brigadieres que gozan de la excarcelación. Con ellos, entró al edificio de Tribunales de Comodoro Py, además, un séquito de brigadieres ancianos y de comodoros. Acomodaron sus trajes azules orondamente sobre las sillas y aguardaron el comienzo.

–¡¡¡¡¡Cóóó-messss!!!!! –se escuchó de pronto en la silenciosa sala de audiencias cuando todavía nada había empezado. El recinto de dos plantas, ubicado en la planta baja del edificio de Comodoro Py 2002, había quedado dividido en dos partes. Abajo se hallaban los familiares de las víctimas e integrantes de los organismos de derechos humanos. Arriba, protegidos por un blindex pesado, estaba la prensa y los acompañantes de los acusados.

–¡¡¡¡Cóóóomessss!!!! –se volvió a escuchar. Y esta vez el represor Comes, con sus enormes bigotes blancos, dio media vuelta, levantó la vista y los encontró. En total eran once aeronáuticos, la mayor parte con el grado de brigadier. En ese momento, ninguno le hizo ese saludo con las m

anos que repitieron más tarde, pero los acusados a esa altura sabían que no estaban solos porque los alentaba una hinchada. En las butacas apareció sentado como un fantasma del pasado el brigadier mayor Jesús Orlando Capellini, el mismo que encabezó el intento de golpe de Estado de diciembre de 1975 contra el gobierno de Isabel, con un acuartelamiento de tres días en la base aérea de Morón.

El juicio finalmente comenzó después de las 11. El Tribunal Federal Oral 5, integrado por Daniel Obligado, Guillermo Gordo y Ricardo Farías, presidió la audiencia como sucedió hasta ahora. A cargo de los juicios de la represión, por las manos del TOF 5 pasaron los cuatro juicios orales que se llevaron a

cabo, desde el procesamiento contra Julio Simón, alias “Turco Julián”, al ex prefecto Héctor Febres. Como sucedió en cada uno de esas instancias, el tribunal también ayer prohibió la televisación de las audiencias y el ingreso de las Madres de Plaza de Mayo con los pañuelos.

En las larguísimas once horas de audiencia, el tribunal repasó las tres acusaciones contra los imputados: la de la fiscalía, la del juzgado de primera instancia y la de la fiscalía general. Recién a las ocho de la noche, las lecturas de cargos concluyeron y el presidente del tribunal Guillermo Gordo le dio lugar a las inquietudes de las partes. En ese contexto, se oyó a la querella encabezada por la abogada de Justicia Ya! Myriam Bregman que se refirió a la situación procesal de los represores.

Los nombres de Barda, Comes y Mariani se investigan desde el inicio de la causa 44 en 1983, pero quedaron desprocesados en 1988 por las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. En 1991, Barda recibió además el indulto de Carlos Menem. En 2005, con la nulidad de las leyes de impunidad se reabrieron los juicios.

Negativa para Von Wernich

La Justicia federal de La Plata rechazó ayer el pedido de detención domiciliaria presentado por el ex capellán de la Policía Bonaerense, Christian Von Wernich, condenado a reclusión perpetua por homicidios, torturas y privaciones ilegales de la libertad durante la dictadura. Para denegar ese beneficio que el sacerdote invocó por haber cumplido 70 años, los jueces del Tribunal Oral Nº 1, Carlos Rozanski, Norberto Lorenzo y Horacio Isaurralde, tuvieron en cuenta “la gravedad de los delitos cometidos y los medios empleados al valerse de su condición de sacerdote de la Iglesia Católica”. Al ratificar que debe continuar alojado en la cárcel de Marcos Paz, Rozanski sostuvo que los países como la Argentina “que han padecido el terrorismo de Estado no pueden darse el lujo de finalizar investigaciones y juicios en los que recayeron condenas , tolerando que dicho esfuerzo se diluya al transformar la sanción en una mera formalidad”. También hizo mención a que en la actualidad se tramitan numerosas causas por violaciones a los derechos humanos, por lo que “se impone a los tribunales intervinientes abstenerse de cualquier medida que pueda poner en riesgo o aumente el ya existente respecto de los testigos que deben declarar en ellas, así como de los empleados, funcionarios y magistrados que llevan adelante los juicios”

EL PAIS

Secuelas de la fuga de Corres

La Cámara Federal de Apelaciones de Bahía Blanca resolvió conceder la excarcelación de dos jefes de la Policía Federal detenidos por la fuga del represor Julián Oscar “Laucha” Corres, quien escapó de la sede bahiense de esa fuerza el 26 de julio y fue recapturado el pasado lunes. Se trata de los planteos presentados por los defensores del comisario Gustavo Scelzi y del subcomisario Marcelo Voros, acusados de ser partícipes del delito de facilitación de evasión. La Cámara sostiene

que “cayendo el delito que se les enrostra por debajo incluso de los ocho años de prisión efectiva, denegarle la excarcelación nada más que por la gravedad y trascendencia del hecho que se le atribuye no significa otra cosa que castigarlo por el delito cometido, tenerlo como delincuente condenado por el hecho antes del juicio y no como imputado”. Los camaristas revocaron la decisión del juez federal de primera instancia, que no había hecho lugar a la excarcelación “dada la gravedad político-institucional que ha tenido y tiene el hecho de la fuga, no siendo el profugado una persona común sino presunto autor de ilícitos atroces y aberrantes”. Corres era el encargado del centro clandestino de detención La Escuelita. Por su fuga, la ministra de Defensa, Nilda Garré, pasó a disponibilidad al jefe del V Cuerpo de Ejército, general de Brigada Oscar Gómez.

LEONARDO BOFF, DE OBSERVADOR

La maldad humana

Por Diego M

artínez

A falta de sacerdotes, la segunda audiencia del juicio tuvo un testigo de lujo. En la última fila de la pequeña jaula reservada al público, con poncho, bufanda y su inconfundible barba blanca, se ubicó el teólogo y filósofo brasileño Leonardo Boff, uno de los fundadores de la Teología de la Liberación que inspiró en la Argentina el surgimiento del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo.

“Los crímenes no pueden ser olvidados. La humanidad tiene que saber de qué ha sido capaz el alma humana, las perversidades que el ser humano comete. La opinión pública debe conocer los relatos que se escuchan en estos juicios porque, si no, las heridas seguirán abiertas”, explicó mientras el camión celular del Servicio Penitenciario partía con los represores.

“Me quedé un poco perplejo –admitió–. Uno los mira y parecen viejitos tranquilos, pero esconden una historia de perversidad que recién ahora llega a la luz. A mi lado había familiares que decían: ‘Me acuerdo de ese rostro cuando secuestró a mi hermana’. Son situaciones dramáticas”, explicó Boff, que asistió la semana pasada a la asunción de su colega ex sacerdote Fernando Lug

o en Paraguay y que anoche, invitado por la cátedra libre “Don Jaime de Nevares”, dio una conferencia sobre “La Carta de la Tierra y los desafíos globales” en la Universidad Nacional del Comahue.

“En la Argentina se han superado ciertos límites insalvables para la persona humana, propios de los nazis. La conciencia de la humanidad debe rechazar estos crímenes, que ofenden la dignidad humana, y en ese sentido este juicio rescata la lucha de todos los que han sufrido, la fuerza y la resistencia de los grupos de neuquinos que nunca abandonaron la causa”, explicó.

Boff admitió que nunca antes había participado de una audiencia similar. “Lamento que ninguno de los imputados habló. Sólo se trataron formalidades, pero sé que con el correr del proceso aparecerán los testimonios y la pasión”, dijo. Agregó que “es el momento de estar junto con los comprometidos, con los que siempre alzaron la voz”, y expresó su deseo “de que triunfe la verdad y la justicia”.

–¿Se puede rezar

por un criminal condenado? –preguntó un colega.

–Sí, un criminal nunca es sólo un criminal, nunca deja de ser persona y por lo tanto tiene también la presencia de Dios. Pero eso no disminuye su perversidad. Tenemos que rezar siempre, hasta que tengan justicia divina. La última palabra la debe tener Dios.

Ante quienes plantean “mirar para adelante”, destacó que “es importante, pero sin olvidar jamás que esto no puede volver a repetirse, de allí la necesidad de la verdad. No podemos congelarnos en el pasado, pero se debe escuchar el grito de las víctimas y debe haber justicia”.

El asesor del Movimiento de los Sin Tierra y de las Comunidades Eclesiales de Base de Brasil destacó que “donde hay opresión hay sentido de la liberación” y que la Teología de la Liberación “es más actual que nunca, porque las formas de opresión son globales”.

Simulando ignorar lo obvio y para ver la reacción, el cronista se acercó al oído de quien acompañaba a Boff y preguntó:

–¿No sigue sien

do sacerdote, no?

–No, tiró la sotana; o se la hicieron sacar –sonrió el interlocutor–. Sigue hablando como si lo fuera, pero el Vaticano no lo reconoce.

LOS REPRESORES QUE ESTAN SIENDO JUZGADOS EN NEUQUEN SE NEGARON A DECLARAR

Ocho escudados en el silencio

Durante la segunda audiencia por secuestros, torturas y desapariciones, los militares no ampliaron su declaración indagatoria. Los abogados querellantes discutieron con el tribunal por las restricciones para presenciar l

L as audiencias.

Por Diego Martínez

Los ocho militares retirados acusados por secuestros y torturas cometidos en Neuquén durante la última dictadura se negaron ayer a hacer uso de la palabra para ampliar sus declaraciones indagatorias. Fue durante la segunda audiencia del primer juicio por delitos de lesa humanidad del sur argentino. Pese al reclamo de las querellas, el Tribunal Oral Federal que preside Orlando Coscia reiteró su negativa a continuar las audiencias en una sala alternativa y con una capacidad acorde con los centenares de allegados a las víctimas y a la importancia histórica del juicio.

El miércoles, sin más fundamento que su facultad de decidir, el tribunal rechazó la propuesta de de-sarrollar el juicio en la sala cultural Conrado Villegas. Ayer, cuando el juez declaró abierto el debate, la abogada Ivana Dal Bianco solicitó que se revisara la decisión porque “no es sólo una facultad del tribunal, es una cuestión que nos compete a todos”.

–¿En qué normas legales se sustenta, doctora? –la chicaneó Coscia.

–En el principio de oralidad y publicidad, en los pactos internacionales de derechos humanos que establecen que la publicidad es un derecho de la sociedad y una obligación que los jueces deben garantizar, y en los 32 años de lucha de los organismos de derechos humanos y del pueblo argentino –le respondió la abogada de Ceprodh. Nerea Monte, abogada de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, adhirió al pedido.

El defensor oficial Eduardo Peralta cuestionó luego el comportamiento del público durante la primera audiencia y solicitó al tribunal que “extreme los recaudos” para “conservar la seguridad” y para que reinen “el respeto y el silencio”. Se refería a que tanto al ingresar al recinto como al retirarse, las treinta personas apiñadas detrás del blíndex cantaron “como a los nazis/les va a pasar/a donde vayan los iremos a buscar”. Adhirieron al planteo los ocho defensores y, para desconcierto del público, también el fiscal Manuel de Reyes Balboa.

Luego de un breve receso para analizar los planteos y tras obligar al público a ponerse de pie para recibirlos, Sus Señorías informaron “no ha lugar” al pedido de las querellas, porque “no está previsto en disposición específica alguna”, y exhortaron al público a guardar silencio.

Llegó entonces el turno de escuchar a los ocho imputados. Coscia les explicó que la indagatoria era “un medio de defensa”, que “abstenerse de declarar no es presunción de culpa”, pero les advirtió que de todas formas el tribunal tenía obligación de dictar sentencia. Luego los invitó, uno a uno, a sentarse en el centro de la sala, frente a un ejemplar de la Biblia Latinoamericana reservado para los testigos.

El primero fue el coronel Mario Alberto Gómez Arenas, ex jefe del Destacamento de Inteligencia 182.

–¿Quiere declarar o prefiere guardar silencio?

–No voy a declarar –respondió.

Siguió el mayor Luis Farías Barreras, ex jefe de personal de la Brigada de Infantería de Montaña VI que recibía a los familiares de los desaparecidos, y más tarde el teniente coronel Sergio San Martín, acusado como torturador del Destacamento y activo hasta 1994.

–Voy a guardar silencio, Su Señoría.

–Muy bien, caballero –lo despidió el juez.

Así, sin responder más que lo inevitable, pasaron los ocho. Jorge Molina Ezcurra, compañero de tareas de San Martín y premiado luego con un cargo de jefe de sección en el Batallón de Inteligencia 601 de Viamonte y Callao, apuntó que se retiró como coronel en 1995. Siguieron el suboficial mayor Francisco “El Loro” Oviedo, el coronel Oscar Lorenzo Reinhold –que prefirió cubrir su chaleco antibalas con un sobretodo–, el general de brigada Enrique Braulio Olea y el mayor médico Hilarión de la Pas Sosa.

Antes de que el juez diera por concluida la audiencia, el defensor oficial Peralta solicitó que sus defendidos (Reinhold, Farías Barrera y Gómez Arena) puedan no asistir a las audiencias de declaraciones testimoniales que se extenderán durante los próximos dos meses. Adhirieron al planteo los abogados Hernán Elizondo y María Cecilia Oviedo, que defiende a su papá. La querellante Dal Bianco solicitó al tribunal que, de acceder al pedido, los imputados queden en una sala contigua a la de audiencias y no en la cárcel de General Roca donde pasan sus días. “Los asiste el derecho que invocó el defensor”, volvió a desentonar el fiscal De Reyes Balboa. Coscia anunció que oportunamente el tribunal decidirá sobre el planteo y dio por concluida la audiencia.

La sala se puso de pie para despedir a Sus Señorías y la treintena de presentes amuchados al fondo de la sala retomó una música y una letra que ya es clásico en juicios de todo el país: como a los nazis, sí.

–¡Desalojen la sala! –ordenó Coscia, pero hasta los policías le sonrieron.

–¿Te acordás cuando me torturabas, hijo de puta? –le gritó un hombre a uno de los represores.

Ninguno acusó recibo.

La devolución de identidad

El Equipo Argentino de Antropología Forense identificó el cadáver de Norma Delia Sibantos, una modista tucumana que en 1978 fue secuestrada por fuerzas de la dictadura militar y estaba enterrada desde hacía 30 años como NN en el cementerio de la localidad de Clodomira. El hecho se remonta a fines de 1978, cuando el cuerpo de una mujer de unos 30 años fue encontrado en un camino vecinal de Tucumán con dos disparos en la cabeza. El juez federal subrogante Guillermo Molinari ordenó la exhumación del cuerpo, lo que se concretó el 3 de junio último. Las muestras de ADN tomadas por los especialistas se cotejaron con el banco de datos de familiares de desaparecidos y surgió que se trataba de Sibantos, una modista de 38 años.




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