sábado, 22 de marzo de 2008

Dos actos en Plaza de Mayo para conmemorar los 32 años del golpe de Estado del 24 de marzo
Con la lupa puesta sobre los juicios
Madres, Abuelas y otras agrupaciones convocaron el lunes a las 14.30. Una hora después marchará el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia. Habrá reclamos por la desaparición de López y por el estado de las causas contra los represores.



La bandera con las fotos de los desaparecidos saldrá el lunes a las 14.30 hacia la Plaza de Mayo desde Piedras y Avenida de Mayo.
Subnotas
Un acto ecuménico y la “Ciudad Luz”
Una picana en el sótano

Por Adriana Meyer y Diego Martínez
La Plaza de Mayo será una vez más el escenario central de la ciudad de Buenos Aires donde organismos de derechos humanos, organizaciones sociales, políticas y estudiantiles conmemorarán el próximo lunes 24 de marzo, al cumplirse 32 años del último golpe de Estado, el Día Nacional de la Memoria, por la Verdad y la Justicia.
A partir de las 14.30 organismos encabezados por Abuelas y Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas, Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, Asociación Buena Memoria, Hermanos de Desaparecidos por la Verdad y la Justicia, H.I.J.O.S., el Centro de Estudios Legales y Sociales y el Servicio de Paz y Justicia marcharán desde Piedras y Avenida de Mayo hacia Plaza de Mayo portando la bandera con las fotos de los desaparecidos, bajo las consignas “Contra la impunidad”, “Juicio y cárcel común ya a todos los genocidas”, “Aparición con vida de Jorge Julio López” y “30.000 detenidos desaparecidos presentes”.
En la plaza leerán un documento que hará hincapié en la exigencia de cárcel común –en oposición a las detenciones en el Instituto Penal de Campo de Mayo– y destacará la necesidad de juzgar no sólo a los ejecutores de la represión clandestina sino también a los ideólogos. También reclamarán al gobierno nacional que no promulgue la ley antiterrorista, la plena libertad sindical, el otorgamiento de personería jurídica a la CTA, la despenalización de las protestas sociales y la redistribución equitativa de la riqueza.
Los organismos sociales, políticos, estudiantiles, universitarios, culturales, de trabajadores ocupados y desocupados, y de derechos humanos nucleados en el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia (EMVJ) marcharán a partir de las 15.30 desde Congreso a Plaza de Mayo “a 32 años del golpe genocida”. La Asociación de Ex-Detenidos Desaparecidos, Justicia Ya!, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y Liberpueblo son algunas de las 350 organizaciones que se reúnen cada año, desde el vigésimo aniversario, para organizar la movilización del 24 de marzo y consensuar el documento que será leído en el palco de la plaza al finalizar la marcha.
Este año, desde el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia habrá reproches sobre la responsabilidad del Poder Ejecutivo en las “actuales violaciones a los derechos humanos”, el estado de los juicios por las del pasado, y la represión a los conflictos obreros: Mafissa, Hospital Francés, Indec, Casino, fileteros de Mar del Plata, Línea 60, Subte y Dana, entre otros. Se hará alusión a los pocos represores que han sido enjuiciados desde la anulación de las leyes de impunidad. El EMVJ destacará que, además, los que pasaron por tribunales lo hicieron por pocos casos, “lo que impide dejar constancia de que en la Argentina existió un genocidio”.
Se repetirá la consigna de años anteriores: “30 mil compañeros detenidos-desaparecidos, presentes”. A ésta se agregará el reclamo de “aparición con vida de Julio López, a 18 meses de su desaparición”, “castigo a los responsables políticos de los asesinatos de Carlos Fuentealba y Lázaro Duarte”, “no a la impunidad de ayer y de hoy”, y “basta de represión y patotas contra los que luchan”. Otra exigencia que se reiterará es la de “cárcel común para los genocidas y perpetua para todos” y “restitución de la identidad a los jóvenes apropiados: que se abran los archivos de la dictadura”. Tampoco faltará el reclamo por la “libertad a los presos políticos, y amnistía o desprocesamiento a los luchadores populares”. Por último, rechazarán las leyes antiterroristas, dirán “no a la militarización de los conflictos”, “basta de terrorismo de Estado en Colombia” y “no a la agresión criminal de Bush-Uribe”.





ESTADO DE LA CAUSA SOBRE LA REPRESION ILEGAL EN SANTA FE
Para sentar a Rolón en el banquillo

Un fallo de la Cámara Federal de Rosario intenta sacar del laberinto a una causa emblemática de la represión en la capital.



El ex jefe del Area 212 de Santa Fe, coronel Juan Orlando Rolón. Rolón zafó del juicio y hace más de un año que espera que alguien lo llame a indagatoria.

Por Juan Carlos Tizziani
La Cámara Federal de Rosario rechazó la excusación de nueve conjueces de los 25 que renunciaron a investigar al máximo responsable del terrorismo de estado en Santa Fe: el ex jefe del Area 212, coronel Juan Orlando Rolón y sentarlo en el banquillo. El fallo parece un intento por sacar del laberinto la causa más emblemática de la represión ilegal en la que Rolón y otros siete detenidos ?el ex jefe del Destacamento de Inteligencia Militar 122, coronel Domingo Manuel Marcellini; el ex juez federal Víctor Brusa y los ex policías Mario Facino, Héctor Romeo Colombini, Juan Calixto Perizzotti, Eduardo Ramos y Maria Eva Aevi? deberían comparecer bajo el cargo de "asociación ilícita". "Hasta ahora ninguno de los detenidos por delitos de lesa humanidad en Santa Fe tiene un procesamiento firme por asociación ilícita, lo que es una vergüenza", dijo a Rosario/12 el abogado querellante Jorge Pedraza. En la parte de la causa que fue elevada a juicio oral y público a fines de enero, Brusa está imputado por "apremios ilegales" y los otros seis por "tormentos y privación ilegítima de la libertad", pero sobre ninguno de ellos pesa la figura de "asociación ilícita". Y encima, Rolón zafó del juicio y hace más de un año que espera que alguien lo llame a indagatoria. Hoy, el expediente está en manos del juez federal Nº 4 de Rosario, Marcelo Bailaque ?en carácter de subrogante? pero después de la resolución de la Cámara, lo podría reasignar al primero de la lista de conjueces, el abogado santafesino Ricardo Lazzarini, quien ya se excusó por "razones laborales" y si persiste en su intento de renunciar al cargo tendrá que buscar otros argumentos. Y así, seguirían los demás.
La Cámara Federal rechazó "las excusaciones de los doctores Ricardo Lazzarini, Angel Perticará, José Manuel Benvenutti, Fernando Boente Bottai, Héctor Musuruana, Francisco Alberto Fernández, Francisco Ferrer, Juan Carlos Gemignani (h) y Aldo Regali, quienes deberán intervenir como conjuez (en el caso Rolón) de acuerdo al orden en que resultaran sorteados oportunamente", dice el fallo al que tuvo acceso Rosario/12. Y en los considerandos destroza los argumentos que cada uno de estos conjueces esgrimió para renunciar al cargo. Por ejemplo, Lazzarini se excusó por "razones de índole laboral" y la "imposibilidad material frente a compromisos asumidos con anterioridad" (sic). "El doctor Benvenutti también invoca obstáculos laborales y funcionales derivados del hecho públicamente conocido de haber asumido el 10 de diciembre de 2007 como decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad Nacional del Litoral".
"Los motivos invocados por ellos (Lazzarini, Musuruana, Perticará y Benvenutti) no encuadran en ninguna de las causales contempladas en el artículo 55 del Codigo Procesal Penal de la Nación ni constituyen afirmación de alguna situación que implique sospecha de parcialidad, por lo cual corresponde el rechazo de la inhibiciones", dice la Cámara. Y después apeló a los mismos argumentos para no hacer lugar a las renuncias de los otros cinco conjueces: Boente Bottai, Fernández, Ferrer, Gemignani y Regalli.
Para entender el intríngulis que frenó la investigación a Rolón y compañía vale repasar algunos hechos recientes:
* 21 de enero. El conjuez Leandro Corti dividió el proceso a la represión. Elevó a juicio oral y público una parte de la causa que imputa a Brusa por "apremios ilegales" y a Marcellini, Facino, Colombini, Perizzotti, Ramos y Aevi por "tormentos y privación ilegítima de la libertad". Pero desacumuló el expediente en el que los siete presos, más el coronel Rolón deberían ser indagados por "asociación ilícita".
* 8 de febrero. El doctor Corti renuncia a seguir al frente de las investigaciones y asume como secretario de Asuntos Penitenciarios de la provincia en el gobierno de Hermes Binner. Comenzó entonces una cadena de renuncias que llegó al récord: 25 conjueces se excusaron de investigar a Rolón y compañía, entre ellos 15 abogados del foro santafesino y diez secretarios y fiscales de los juzgados federales N║ 1 y N║ 2 que se habían anotados "voluntariamente" en una lista para ser jueces subrogantes.
* 29 de febrero. Ante el estrépito, la Cámara Federal de Rosario designó al juez federal N║ 4, Marcelo Bailaque, como subrogante en Santa Fe para que continúe la investigación a Rolón que había dejado Corti. El fundamento: la cataratas de renuncias y "la urgente necesidad de nombrar un juez" en una causa emblemática.
* 5 de marzo. Aparece otro escollo. El juez Bailaque ejerce su derecho de revisar los argumentos que utilizaron los 25 conjueces para renunciar al cargo, con un resultado sorpresa: se pronuncia sobre 12 casos que rechaza en su mayoría por "improcedentes", pero omite analizar el planteo de los otros 13 conjueces que también se habían apartado. "Particularmente, considero que el ejercicio de cualquier función dentro del Poder Judicial debe llevarse a cabo con la suficiente entereza como para poder desempeñarla", señaló Bailaque en su resolución, que recordó también la urgencia de indagar al coronel Rolón. Y elevó el incidente ante la Cámara rosarina para que resuelva.
* 12 de marzo. La Cámara confirmó el fallo del doctor Bailaque: rechazó la excusación de nueve subrogantes. Ricardo Lazzarini, Angel Perticará, José Manuel Benvenutti, Fernando Bonete Bottai, Héctor Musuruana, Francisco Alberto Fernández, Francisco Ferrer, Juan Carlos Gemignani (h) y Aldo Regali, quienes deberán intervenir como conjuez de acuerdo al orden en que resultaran sorteados oportunamente", ordenó el tribunal.
Un abogado querellante lamentó el ping pong judicial en una causa en la que Rolón y compañía deben responder al cargo de la asociación ilícita. "Hasta ahora ninguno de los detenidos por las causas de terrorismo de estado en la ciudad de Santa Fe tiene firme un procesamiento de asociación ilícita. Es como si aquí no hubiera existido una asociación ilícita. Y precisamente la base del accionar del represión ilegal estuvo dada en una pirámide represiva que partía del Segundo Cuerpo de Ejército, el Area 212, el Destacamento de Inteligencia Militar 122, el Departamento Informaciones de la Policía (el famoso D?2) y los civiles que operaban para esta estructura de inteligencia. Era una pirámide jerárquica organizada, a mi modo de ver, de no menos de 50 personas que es lo que se conoce como una asociación ilícita calificada al estar compuesta por tres o más personas, por el uso de armas y uniformes militares, etc. Y sin embargo, no hay ningún procesamiento firme por asociación ilícita en la ciudad de Santa Fe, lo que es una vergüenza", concluyó Pedraza.




Iniciativa para la identificación de desaparecidos en Santa Fe
Se trata de un proyecto del Equipo Argentino de Antropología Forense
. En la provincia lo hicieron más de 70 familiares y otros tantos llamaron para solicitar información al respecto.


En oficinas de Derechos Humanos se pueden solicitar turno para la extracción de sangre. Ésta se realizará en forma gratuita en los hospitales "Víctor J. Vilela" e Iturraspe.

A principios de noviembre de 2007 se lanzó masivamente en todo el país la "Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas" (LIID), un proyecto del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en coordinación con la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y el Ministerio de Salud de la Nación. Desde la primera jornada de trabajo, cuando se recibió una llamada cada tres minutos, más de 1.700 familiares de personas desaparecidas durante la última dictadura militar se acercaron a las oficinas de Derechos Humanos locales para dar una muestra de sangre. En la provincia de Santa Fe lo hicieron más de 70 familiares y otros tantos llamaron para solicitar información.
La puesta en marcha del proyecto LIID fue un incentivo para que algunos ciudadanos se presentaran por primera vez a reportar la desaparición de sus familiares. Más de una denuncia por mes recibió la Secretaría de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de Santa Fe, en sus dos sedes (Santa Fe y Rosario). Allí los familiares fueron asistidos para iniciar la presentación de desaparición forzada ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep).
Un gran porcentaje de las extracciones realizadas hasta el momento pertenecen a familiares que por primera vez donan sangre para estos fines. El próximo paso es cotejar su muestra con las de tejidos óseos provenientes de las excavaciones que realiza el EAAF a lo largo de todo el país.
Esta organización científica, que se creó en 1984 con el fin de investigar los casos de personas desaparecidas en la Argentina durante la última dictadura militar (1976?1983), y actualmente trabaja en Latinoamérica, Africa, Asia y Europa, posee 600 restos sin identificar y continúa con trabajos de exhumación y análisis antropológico.
La creación y puesta en práctica del proyecto LIID permite aumentar significativamente las identificaciones y también el contacto con un número importante de familiares de desaparecidos que pueden aportar información esencial para el desarrollo de este trabajo.
Este proyecto contempla la creación de un Banco de Sangre de Familiares que estará en la sede de la Secretaría de Derechos Humanos de Nación, donde se almacenará una parte de la muestra sanguínea. La otra estará bajo la custodia del EAAF y la tercera será enviada al laboratorio genético para su análisis a través de distintos métodos de estudio de ADN. Todo el proceso, desde la extracción de la muestra hasta el envío de la misma al Banco de Sangre de Familiares, es de estricta confidencialidad y custodia.
Los familiares de personas desaparecidas, cualquiera sea su grado de parentesco, pueden acercarse a las oficinas de Derechos Humanos de la provincia ?Moreno 248 en Rosario u Obispo Gelabert 2837/39 en Santa Fe? para solicitar un turno para la extracción de sangre. Ésta se realizará en forma gratuita en el centro médico correspondiente a cada zona, es decir el hospital "Víctor J. Vilela" en Rosario y el hospital Iturraspe en Santa Fe. Una vez tomadas las muestras, se envían a Buenos Aires para que formen parte del Banco de Sangre.
Durante el primer año de ejecución del proyecto, se estima poder efectuar el análisis genético de 3.600 muestras de sangre y 600 muestras óseas. Las exhumaciones que se realicen y las muestras de los familiares que se acerquen a donar sangre se irán sumando a este sistema masivo de análisis genético.
El proceso de investigación e identificación de los restos de las víctimas es lento y difícil, y, en el caso de que se llegue a una identificación, se le informará primeramente a los familiares, quienes son los únicos que pueden dar el consentimiento para revelar dicha información.




Sábado, 22 de Marzo de 2008


videomariana arruti habla de la renovada actualidad de su film trelew
“Lo conté desde mi emoción

La reactivación de la causa judicial le da a la película que Página/12 presenta mañana a sus lectores una ardiente actualidad. “Vivo este momento con satisfacción, porque la motivación para hacerlo no fue sólo el reclamo de justicia”, dice Arruti.



Para construir su relato coral, Arruti encaró cuatro años de profunda investigación.
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Octubre, el documental
Los rastros del pasado

Por Oscar Ranzani
Cuando en el año 2000 la antropóloga y cineasta Mariana Arruti decidió poner en marcha su primer largometraje documental, en Trelew habitaban los fantasmas del miedo al pasado. No había justicia sino silencio oficial. Las cosas han cambiado en el país y el clima de justicia que se vive actualmente, por las implicancias de la causa que lleva adelante el juez Hugo Sastre, permite soñar con un futuro más próspero que hace más de treinta y cinco años, cuando sucedieron los hechos que la Armada se encargó de silenciar y distorsionar. El acontecimiento significó el preludio del terrorismo de Estado que la dictadura del ’76 llevó a escalas mayores: el 15 de agosto de 1972, durante otra dictadura, la de Alejandro Agustín Lanusse, un grupo de presos de organizaciones armadas (ERP, FAR y Montoneros), planearon una fuga masiva del Penal de Máxima Seguridad de Rawson hacia el aeropuerto de Trelew, con la idea de tomar un avión que los llevara al Chile de Salvador Allende y luego a Cuba. Todo había sido planificado milimétricamente. Pero una seña mal interpretada puso en falla el operativo: sólo llegaron a abordar la aeronave seis líderes de las tres organizaciones y otros diecinueve prisioneros llegaron cuando el avión carreteaba por la pista. Entonces, se rindieron en el aeropuerto y ante la presencia de un juez se dictaminó su regreso al penal de Rawson. Sin embargo, la decisión fue violada y los enviaron a la Base Aeronaval Almirante Zar, donde fueron fusilados. Tres de ellos sobrevivieron y pudieron contar la historia. Tiempo después, durante la dictadura de Videla fueron detenidos y desaparecidos. Sobre esta historia impactante, Arruti construyó su notable documental Trelew que podrá adquirirse mañana como compra opcional con Página/12.
El film insumió cuatro años de una profunda investigación: en un relato coral hablan sobrevivientes de la fuga, compañeros de los fusilados, abogados de los presos políticos, pero también algunos habitantes de Trelew, remiseros que transportaron a algunos prisioneros, empleados del Servicio Penitenciario e, incluso, un empleado de la funeraria local que retiró los cadáveres. Estos relatos se combinan con imágenes de archivo rigurosamente seleccionadas e imágenes del lugar. Trelew no tiene la estética del cine político, pero es una película política narrada con un suspenso inquietante, como si la historia estuviera sucediendo en el presente, aspecto que le otorga condición de thriller que puede llegar a hacer sudar al más indiferente.
El pasado, el presente
El DVD de Trelew sale a la venta en un momento muy especial. Desde que se reactivó la causa, el juez Hugo Sastre encuadró los hechos como delitos de lesa humanidad y dictó la prisión preventiva de cinco marinos retirados: los oficiales Luis Emilio Sosa, Emilio Jorge Del Real, Rubén Norberto Paccagnini (jefe de la base Almirante Zar en 1972) y el suboficial Carlos Amadeo Marandino fueron señalados como “probables autores materiales, penalmente responsables del delito de privación ilegítima de la libertad y homicidio premeditado”. El contraalmirante Horacio Alberto Mayorga (responsable máximo del área) será juzgado como “cómplice necesario”. En tanto, uno de los imputados sigue prófugo: se trata del teniente de navío retirado Roberto Bravo, del que Página/12 reveló que vive en Estados Unidos y es propietario de una empresa que provee servicios a las fuerzas armadas de ese país. Subiendo en la cadena de mandos, el juez indagará próximamente a dos funcionarios de la dictadura de Lanusse, ya que se entiende que la decisión del fusilamiento fue tomada por las más altas autoridades políticas: el ex secretario de Planificación, Ezequiel Martínez, y el ex ministro de Defensa Eduardo Aguirre Obarrio. La lista de las próximas declaraciones indagatorias incluye la del capitán de navío Jorge Enrique Bautista y el general Eduardo Betti. En este contexto, el documental de Arruti cobra un nuevo significado, que explica su directora.
–Trelew exhala un reclamo de justicia. ¿Cómo vive este presente, entonces, después de más de 35 años de silencio oficial?
–Lo vivo con satisfacción. La motivación en el momento en que la hicimos no era solamente el reclamo de justicia. Había otras cosas en las que pivoteaba el documental y que tenían que ver con la recuperación de una historia política que giraba alrededor de un hecho que había sido silenciado y acallado. Sentíamos que el relato, por un lado, permitía hacer una denuncia sobre un crimen impune pero, a la vez, y paralelamente, devolver la identidad política de una época. La película gira esencialmente en torno del tema de la fuga y, de alguna manera, cuando pensamos en qué cosas contar, sentíamos que el tema de la fuga era un modo de devolver esa identidad política a los protagonistas de esos años. Ahora, a nivel de lo que está pasando, me resulta tremendamente conmovedor pensar que hay cinco de los responsables detenidos. Es algo que yo no pensaba que iba a ocurrir y uno lo ve con satisfacción, porque la justicia es importante para marcar una frontera entre lo que debe hacerse y lo que no, entre lo que está bien hecho y lo que no. Es lo que empieza a permitir sanar heridas tan profundas.
–Usted señaló que cuando empezó con la película, Trelew “era mala palabra, el horror, algo maldito... nadie entendía que me metiera con este tema”. ¿El tiempo le dio la razón?
–Bueno, en el momento en que empezamos a trabajar (en 2000) hablar de Trelew era complicado, porque precisamente remitía a una época anterior al inicio de la última dictadura. Había que hablar de un grupo de personas que eran militantes comprometidos en distintas organizaciones armadas. No era sencillo hablar de esto. No era este momento: hoy hay una apertura diferente para debatir cuestiones no saldadas del todo a nivel de la sociedad. También por esa razón es que no podía imaginarme nunca que podría haber una situación como la que vivimos hoy con una causa abierta, con detenidos que van a ser juzgados y que la Justicia va a determinar su destino. Si no se podía hablar de eso, mucho menos uno podía prever que esto iba a suceder, más allá del deseo nuestro de denunciar que eso estaba olvidado e impune.
–¿Qué significó en lo personal hacer Trelew?
–Muchísimo. Significó llegar al público, que es algo maravilloso. Llegó a muchísimos jóvenes que es lo que más me importa. Sentía que había que contar la película de una manera que tenía que cautivar a los que no conocían la historia. Esa fue una de las cosas más hermosas: aún hoy después de cuatro años de estrenada Trelew, la gente entra en la página web, escribe, se programa el documental en todas partes. Por otro lado, es importante sentir que uno puso un granito de arena para esto que está pasando hoy. Haber podido poner sobre la mesa un tema que estaba silenciado y, después de cuatro años, tengamos lo que tenemos como noticias en los diarios, para un persona que se dedica a la investigación y al cine es muy fuerte. Cuando empezamos, en Trelew era superdifícil conseguir un testimonio, tener las voces que nos contaran la historia. Quienes, al principio, no querían participar y tenían temores o dudas de exponerse ante una película, vivieron un proceso que fue cambiando del miedo y la negativa a lo positivo, a construir la memoria, a animarse, a encontrar ellos su propia necesidad para participar de la película. Esa fue otra de las cosas hermosas que nos pasaron.
–El film tiene un componente ficcional que le otorga suspenso casi como un thriller político, a la hora de narrar cómo se panificó y se llevó a cabo la fuga. ¿La idea fue señalar que un operativo como ese se vivía de esa manera?
–Sí. Era una historia que merecía ser contada de esa forma. Intenté tratar que el espectador se sintiera parte de esa historia y un poco protagonista de esa fuga. Hay muchas cosas que no fueron transmitidas a nuestra generación. Una de esas cosas es lo cotidiano de un grupo de personas que decide asumir un compromiso como el que asumió este grupo de militantes. Eso implicaba participar de una fuga del penal de Rawson, con todos los elementos dramáticos que eso implicaba. Valía la pena contarlo desde ese lugar porque tampoco había sido contado, como no habían sido contadas las chacareras dentro de la cárcel, los noviazgos, las relaciones interpersonales, los partidos de fútbol en el patio. Todo esto me sedujo mucho cuando empecé a conocerlo por los testimonios de quienes habían estado presos en la cárcel, porque también daba cuenta de una juventud, de una época histórica, de un momento y de la motivación que ese grupo de gente había tenido para comprometerse con este proyecto político. Yo sentía que lo único que nos habían dado a conocer era la tragedia. Pues había otras cosas además. Había razones para que esa generación se comprometiera como lo hizo.
–Trelew no tiene la estética del cine político, pero es una película política.
–Yo no me lo propuse de esa forma sino contar una historia que me conmovía. Y la quería contar con toda la emoción que me producía. Obviamente, es una historia que fue central y determinante en los años posteriores que vivió nuestro país, con una significación inmensa para una generación. Esto implicaba una responsabilidad muy grande. Pero yo quería contarla desde mi emoción, desde cómo yo la estaba viviendo cuando la escuchaba. El cine debe ser eso, se debe comprometer desde ese lugar; es decir, desde cómo cuenta una historia y ponerle a esa narración la emoción del autor. Para esto sirve. En todo caso, después disparará debates, lecturas, comentarios, investigaciones y otras cuestiones que se van a dar en el ámbito de lo social, de la comunidad, del afuera, que terminan de completar lo que uno hizo. Pero yo siento que el cine cuando se puede centrar en la cuestión de la emoción, es cuando funciona y cuando realmente le llega a la gente.




murio oscar teran, agudo analista de la memoria, el exilio y la militancia
Fin para un humanista comprometido
El intelectual, autor de En busca de la ideología argentina y Nuestros años sesenta, hizo aportes teóricos sustanciales sobre la identidad argentina.




Oscar Terán se definía como “marxista convicto y confeso”.
Imagen: Gustavo Mujica
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La libertad para pensar




Por Silvina Friera
“No sé qué soy, pero sé de qué huyo.” Estas certeras palabras de Montaigne repetía Oscar Terán para describir su propio itinerario intelectual que va del marxista confeso al socialdemócrata que deseaba pertenecer a una izquierda que no tenía forma partidaria en la Argentina. Esta cita del pensador francés, a la que apelaba para referirse a la crisis de identidad que implicó la caída del marxismo como ideología, ahora genera congoja, tristeza y rabia. Le andaba escapando a la muerte, pero no pudo. Aunque peleaba desde hacía seis meses contra un cáncer de colon. Terán murió el jueves a la noche a los 69 años. La comunidad intelectual argentina extrañará a uno de los intelectuales más reconocidos del país, docente e investigador de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de Quilmes, investigador principal del Conicet, miembro del club socialista José Aricó y del consejo editor de la revista Punto de vista, y autor de libros clave en los que analizaba la crisis del marxismo, la militancia de los años setenta, el exilio, la memoria y la argentinidad, entre otros tópicos, como En busca de la ideología argentina, Nuestros años sesenta y José Ingenieros: pensar la nación.
Terán nació en 1938 en Carlos Casares, provincia de Buenos Aires. La combinatoria genética de padre radical y madre socialista daría como resultado previsible una marcada crianza antiperonista. Recordaba que 1955 fue un año crucial en su vida por su llegada a Buenos Aires –el descubrimiento de la vida urbana para quien venía de un pueblo de provincia– y porque terminó la secundaria en medio del golpe de septiembre del ’55. “Marxista convicto y confeso”, como él se definía, participó no sin entusiasmo de las manifestaciones estudiantiles burdamente antiperonistas. Entonces vivía en una pensión en Caballito, cercana al Parque Chacabuco y a la fábrica Volcán, donde la mayoría de la gente era implacablemente peronista. Mucho después patentó una frase que parecía dicha por un peronista: “el golpe del ’55 era nuestro Guernica sin Picasso”. Aunque nunca fue peronista, admitía su fascinación por el peronismo, que indudablemente empezó en la pensión de Caballito y que tuvo un punto de inflexión cuando fue a una de las primeras manifestaciones permitidas en la época de Frondizi en Parque Patricios. “La visión de aquella columna popular que yo veía como la sal de la tierra y que avanzaba contra la policía al grito de ‘la vida por Perón’ fue un impacto realmente movilizador de todas las estructuras dentro de las cuales yo trataba de pensar la realidad política y social argentina”, confesaba en una entrevista incluida en el libro De utopías, catástrofes y esperanzas. Un camino intelectual (Siglo XXI), una selección de artículos, ensayos y entrevistas que mostraban las facetas más personales de Terán.
El autor de En busca de la ideología argentina (1986), Aníbal Ponce: el marxismo sin nación (1983), José Ingenieros: pensar la nación (1986), Nuestros años sesenta (1993) y Las palabras ausentes. Para leer los póstumos de Alberdi (2004) reconoció que no iba a las clases de Borges porque, además de considerarlo “gorila”, no podía ver su literatura por debajo de sus posiciones ferozmente antiperonistas. “Nunca fui a sus clases, pero mis amigos me contaban que eran del orden de lo malas. Un escritor genial no tiene por qué ser un buen profesor. Celebro no haberme excedido y haberlo insultado”, señalaba en 2006.
En 1977 se instaló en México, donde realizó una maestría de Estudios Latinoamericanos y retomó su trabajo intelectual al vincularse con otros exiliados argentinos que, ante el estupor por “la derrota”, comenzaron a reflexionar sobre el pasado reciente. Integró el grupo de discusión Mesa Socialista que editó la revista Controversia, y empezó a escribir la primera versión de su libro sobre José Ingenieros. La crisis teórica del marxismo y las denuncias sobre el socialismo real minarían las convicciones ideológicas de Terán, quien a comienzos de los ochenta, todavía en México, se asumía como “un marxista en crisis”. Desde que regresó al país, en 1983, se convirtió en lo que él llamaba un “izquierdista reformista”, un socialdemócrata que trataba de conciliar la justicia social con la democracia.
Estaba convencido de que el optimismo era un “sentimiento bobo” y que el pesimismo, además de trivial, convocaba a la pereza intelectual. Ante esa disyuntiva, Terán prefería la palabra esperanza. “Me gusta citar a Octavio Paz cuando decía que quien conoció la esperanza ya no la olvida. La sigue buscando bajo todos los cielos; entre todos los hombres, entre todas las mujeres”, subrayaba. Fantaseaba con escribir una novela sobre Diego Alcorta, primer profesor de Filosofía de la UBA, aunque decía que no servía para escribir literatura y que la sola idea de hacerlo le parecía abrumadora. No era un opinólogo mediático; no escribía sobre cualquier tema que se pusiera de moda. “A veces el intelectual tiene la obligación de callarse”, decía para justificar su postura de intervenir o polemizar sólo en aquellas circunstancias en las que creía que tenía algo para decir. “Como dudo mucho de que al menos yo pueda llegar a saberlo todo, debo necesaria y responsablemente callar sobre tantas cosas acerca de las cuales tengo opiniones pero escasos fundamentos, pruebas o reflexiones generalizables. La palabra es un bien escaso, es mejor cuidarla.” Aunque no siempre coincidieran con sus opiniones, muchos extrañarán ese cuidado y rigor que Terán tenía con la palabra.
Con memoria

Por Gustavo Marconato * y Gerardo Rico **
En el 32º Aniversario del Golpe de Estado de 1976 el compromiso con los ideales de los que cayeron nos fortalece en la lucha constante junto a nuestro Pueblo y sus organizaciones, desde el lugar en que nos toque actuar.
El proyecto de sometimiento, ligado a las estrategias de los centros de poder mundial viene desde el fondo mismo de la historia de la Nación. Pero también desde el subsuelo de la Patria sublevada la lucha incontenible de los sectores populares por su Liberación nos marca el camino.
El Golpe más sangriento de la historia, fue para ellos "la solución final". Fue el marco para consolidar definitivamente ese proyecto político?económico de concentración de riqueza y dependencia; que se exteriorizó en la década de los 90 con la complicidad expresa o tácita de todos los sectores de poder en la vida nacional.
Pero fueron las Madres las que nos dieron ejemplo de consecuencia y coherencia. Su marcha de 30 años se convirtió en la síntesis de la lucha y organización de los sectores populares por encima de las corporaciones, pese a la represión, la soledad y la indiferencia en tramos del camino.
Con esa simiente: la pueblada de diciembre del 2001 dijo basta al sistema demoliberal que nos atrapara en su discurso único. Con ese mandato: desde el 2003 tratamos de reconstruir una nueva Argentina, junto a las organizaciones populares, de las que pretendemos humildemente ser un instrumento y una voz de quiebre con un sistema atado al pasado que aún resiste y vuelve por sus fueros.
Cuando marchemos este 24 de marzo junto a Madres, Abuelas, H.I.J.O.S. y los Organismos de Defensa de los Derechos Humanos lo haremos con Memoria por Verdad y Justicia consustanciados con los principios de su documento, portando el legado de los que nos precedieron y ofrendaron su vida, en el firme compromiso de profundizar las políticas que lleven adelante los viejos nuevos sueños de su utopía.

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