domingo, 9 de marzo de 2008


Domingo, 09 de Marzo de 2008

EL BOLETIN ELECTRONICO CON QUE LOS REPRESORES SE QUEJAN DE ESTAR EN PRISION
Notipenal
Los militares y policías acusados de delitos de lesa humanidad se comunican a través de una publicación en la que descargan su bronca por ser tratados como presos comunes. El impulsor de la iniciativa es Norberto Cosani, ex subordinado de Etchecolatz.


Por Nora Veiras
La Sala II de la Cámara Federal porteña acaba de ratificar que los represores, acusados de delitos de lesa humanidad, seguirán presos en la cárcel común de Marcos Paz. “Son tratados como delincuentes comunes”, suelen quejarse sus abogados para reclamar el regreso a unidades militares de los “defensores de la patria”. El acceso a Internet obsesiona a los ex uniformados que recién después de años de mutilaciones a la Justicia llegaron a celdas como el resto de los ciudadanos detenidos por violar la ley. Algunos consideran como un atentado a su “legítima defensa” el no poder navegar por la red de redes. Sin embargo, el “Boletín mensual Notipenal Marcos Paz”, que circula por mail, da cuenta de la habilidad de militares y policías para hacer oír sus reclamos a través de familiares que recogen quejas y difunden el boletín mensual.
Después del envenenamiento del prefecto Héctor Febres en su dúplex VIP de la sede Delta de Prefectura, la patota de la ESMA fue trasladada del Instituto Penal de las Fuerzas Armadas, en Campo de Mayo, al penal de Marcos Paz. Antes, tanto Alfredo Astiz como Antonio Pernías y Juan Carlos Rolón, entre otros, habían gozado de toda clase de comodidades –léase privilegios– en las sedes navales donde habían recalado por orden judicial. Otros cumplían arrestos domiciliarios.
Ahora, en el penal construido en 2000 en un campo de la provincia de Buenos Aires con cinco módulos de ocho pabellones cada uno, comparten domicilio los ex grupos de tarea de la Armada con los de la policía bonaerense. El comisario Miguel Etchecolatz, el ex capellán Christian von Wernich y el ex agente de Inteligencia todo servicio Raúl Guglielminetti junto a Norberto Cosani, integrante de las hordas de Ramón Camps, se encuentran en la misma cárcel que el ex intendente Luis Patti. Un total de 1614 reclusos pueden ser alojados allí. Algunos de los represores, como el cura que reconfortaba espiritualmente a los torturadores, están en celdas individuales de 2,5 por 3 metros, sin ventanas, con una cama de hierro adosada a las paredes, una mesa, un taburete, un inodoro y un lavatorio. La puerta de la celda está abierta de las 8 a las 22. A esa hora se desconecta la electricidad.
Notipenal
El “Boletín Mensual Notipenal”, aseguran quienes conocen los tejes y manejes del submundo de represores y delincuentes comunes, es una iniciativa de Cosani. El ex agente del general Ramón Camps, otro de los tantos que murió sin ser condenado, le transmitiría la “realidad del penal” a uno de sus familiares encargado de enviar los mails. En el número de enero, al que tuvo acceso Página/12, bajo el título “Novedades” se preguntan “¿qué ha sucedido en este caluroso mes que nos toca vivir a los ‘internos’ todos, los 1500 que estamos, algunos con preventiva, otros secuestrados y rehenes de una perversa ‘justicia’ o bien condenados?”. Se quejan por las reglas carcelarias que no permiten que hombres y mujeres se mezclen en las visitas y así se divide a las familias en dos turnos “y no se le permite al interno ese encuentro-contención”. También abundan los reclamos por la comida y el servicio médico.
El Notipenal abunda en críticas contra la fiscal Fabiana Camaño, quien no habría identificado al nuevo director del penal al llevarlo en una visita por la cárcel y hacerlo pasar por un abogado de su equipo. Al llegar a las “Conclusiones”, los reclusos vuelven a las preguntas y dicen: “¿Nos ‘rehabilitamos’ los internos o nos están castigando y permitiendo que sumemos odio a la ‘Justicia’?”.
Ocupar un lugar en las colas para acceder al teléfono público, esperar el turno para ducharse en los vestuarios colectivos, compartir el salón de usos múltiples para ver los canales de aire en un televisor 20 pulgadas atormenta a los represores. Los defensores de los marinos, entre ellos Juan María Aberg Cobo (hijo), son los más activos en reclamar por los “derechos humanos” de sus clientes.
El año pasado después de la desaparición de Julio López, testigo en el juicio por el que se condenó a cadena perpetua a Etchecolatz, el penal fue allanado por orden judicial. Así se comprobó que los ex hombres de la Bonaerense tenían acceso a los teléfonos de línea del penal entre otros beneficios. Esas pruebas terminaron con el descabezamiento del entonces director del Servicio Penitenciario Federal, Hugo Soza.
Uno más
La Justicia de Santa Fe decidió la semana pasada trasladar a Marcos Paz a Juan Daniel Amelong, un oficial del Ejército acusado de participar en la represión ilegal en jurisdicción del II Cuerpo. “Me acaban de confirmar que el sábado 8 seré trasladado al penal de Marcos Paz”, escribió en un correo electrónico el teniente coronel-abogado y advirtió: “Pero esto será ‘por ahora’ (como dijo Chávez cuando perdió el referéndum). Los tiempos políticos son cíclicos, hoy me toca perder, en un tiempo será al revés. Y yo no tengo ochenta y pico de años como los que eran mis Señores Superiores (sic) cuando tantos combatimos en la etapa bélica de la guerra revolucionaria que inició el enemigo, apenas tengo cincuenta y piquito, no me voy a morir preso, ‘lo que no mata fortalece’, ya van a entender el día de mañana los que prevarican hoy para no hacer peligrar su sueldo en la Justicia federal”. Se despide “Desde el frente de combate”.
Amelong será seguramente uno más de los reclusos que sumarán su data para Notipenal. Y así difundir sus nuevas necesidades básicas insatisfechas.


BRAVO
Un día después de que El Nuevo Herald de Miami publicara la primicia de Página/12 de que el marino Roberto Bravo, fusilador prófugo de la masacre de Trelew, es dueño del RGB Group en Florida, su abogado Neal Sonnet informó que el teniente está dispuesto a declarar pero en EE.UU. “Los hechos nunca ocurrieron. Hubo una investigación militar y civil que exoneró a los militares y una amnistía que les dio inmunidad. El gobierno de izquierda quiere abrir el caso para cobrarles a sus enemigos”, dijo. Chris Isleib, vocero del Pentágono, no está convencido. “El Departamento de Defensa tiene negocios con RGB Group. Estas son acusaciones graves y lo estamos examinando con mucho interés.”



Policías detenidos



El subinspector Marcos Dubranich, del Comando de Acción Preventiva de la Policía de Córdoba, fue detenido ayer acusado de haber participado con otros dos agentes en el homicidio de Maximiliano Aguirre, el 30 de agosto. Ese día, el ayudante Raúl Ramírez y el cabo primero Hugo Villada intervinieron en una denuncia por robo y detuvieron al joven Aguirre y a un menor de edad. En vez de llevarlos a la comisaría, los tuvieron presos en un lugar aún no determinado. Cuando llegaron a la seccional, el oficial de guardia no quiso recibir a los detenidos, dado el estado de Aguirre, con evidencias de haber sido golpeado. El joven fue derivado a la cárcel de Bouwer y de allí al Hospital de Urgencias, pero falleció en el camino. En la misma causa hay otros cuatro policías imputados, pero por ahora siguen libres.
SABADO 8 DE MARZO DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER
LAS MUJERES DE MI GENERACION
Las mujeres de mi generación abrieron sus pétalos rebeldes de rosas, camelias, orquídeas y otras yerbas, de saloncitos tristes, de casitas burguesas, de costumbres añejas, sino de yuyos peregrinos entre vientos. Porque las mujeres de mi generación florecieron en las calles, en las fábricas se hicieron hilanderas de sueños, en el sindicato organizaron el amor según sus sabios criterios. Es decir, dijeron las mujeres de mi generación, a cada cual según su necesidad y capacidad de respuesta, como en la lucha golpe a golpe, en el amor beso a beso. Y en las aulas argentinas, chilenas o uruguayas, supieron lo que tenían que saber, para el saber glorioso de las mujeres de mi generación. Minifalderas en flor de los sesenta, las mujeres de mi generación no ocultaron ni las sombras de sus muslos, que fueron los de Tania. Erotizando con el mayor de los calibres los caminos duros de la cita con la muerte. Porque las mujeres de mi generación, bebieron con ganas del vino de los vivos, acudieron a todas las llamadas y fueron dignas en la derrota. En los cuarteles las llamaron putas y no las ofendieron, porque venían de un bosque de sinónimos alegres: minas, grelas, percantas, cabritas, minones, gurisas, garotas, jevas, zipotas, viejas, chavalas, señoritas. Hasta que ellas mismas escribieron la palabra Compañera, en todas las espaldas y en los muros de todos los hoteles. Porque las mujeres de mi generación nos marcaron con el fuero indeleble de sus uñas la verdad universal de sus derechos.
Conocieron la cárcel y los golpes, habitaron en mil patrias y en ninguna, lloraron a sus muertos y a los míos como suyos, dieron calor al frío y al cansancio deseos, al agua sabor y al fuego lo orientaron por un rumbo cierto. Las mujeres de mi generación parieron hijos eternos, cantando Summertime les dieron teta, fumaron marihuana en los descansos, danzaron lo mejor del vino y bebieron las mejores melodías. Porque las mujeres de mi generación, nos enseñaron que la vida no se ofrece a sorbos, compañeros, sino de golpe y hasta el fondo de las consecuencias. Fueron estudiantes, mineras, sindicalistas, obreras, artesanas, actrices, guerrilleras, hasta madres y parejas en los ratos libres de la Resistencia. Porque las mujeres de mi generación, sólo respetaron los límites que superaban todas las fronteras. Internacionalistas del cariño, brigadistas del amor, comisarias del decir te quiero, milicianas de la caricia. Entre batalla y batalla, las mujeres de mi generación lao dieron todo y dijeron que eso apenas era suficiente. Las declararon viudas en Córdoba y en Tlatelolco, las vistieron de negro en Puerto Montt y Sao Paulo, y en Santiago, Buenos Aires o Montevideo, fueron las únicas estrellas de la larga noche clandestina. Sus canas no son canas, sino una forma de ser para el quehacer que les espera. Las arrugas que asoman en sus rostros, dicen he reído y he llorado y volvería a hacerlo. Las mujeres de mi generación, han ganado algunos kilos de razones que se pegan a sus cuerpos, se mueven algo más lentas, cansadas de esperarnos en las metas. Escriben cartas que incendian las memorias. Recuerdan aromas proscritos y los cantan. Inventan cada día las palabras y con ellas no empujan, nombran las cosas y nos amueblan el mundo. Escriben verdades en la arena y las ofrendan al mar. Nos convocan y nos paren sobre la mesa dispuesta. Ellas dicen pan, trabajo, justicia, libertad, y la prudencia se transforma en vergüenza. Las mujeres de mi generación son como las barricadas: protegen y animan, dan confianza y suavizan el filo de la ira. Las mujeres de mi generación son como un puño cerrado, que resguarda con violencia la ternura del mundo. Las mujeres de mi generación no gritan, porque ellas derrotaron al silencio. Si algo nos marca, son ellas. La identidad del siglo, son ellas. Ellas: la fe devuelta, el valor oculto en un panfleto, el beso clandestino, el retorno a todos los derechos. Un tango en la serena soledad de un aeropuerto, un poema de Gelman escrito en una servilleta, Benedetti compartido en el planeta de un paraguas, los hombros de los amigos guardados con ramitas de lavanda. Las cartas que hacen besar al cartero, las manos que sostienen los retratos de mis muertos, los elementos simples de los días que aterran al tirano, la compleja arquitectura de los sueños de tus nietos. Lo son todo y todo lo sostienen, porque todo viene con sus pasos y nos llega y nos sorprende. No hay soledad donde ellas miren, ni olvido mientras ellas canten, intelectuales del instinto, instinto de la razón, prueba de fuerza para el fuerte y amorosa vitamina del débil. Así son ellas, las únicas, irrepetibles, imprescindibles, sufridas, golpeadas, negadas pero invictas mujeres de mi generación. Luis Sepúlveda, 1999

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