miércoles, 13 de febrero de 2008

MEMORIA TOTAL




La sala judicial estaba colmada y ruidosa. El presidente del jurado se abrió paso con dos gritos secos y potentes: "silencio señores". Se hizo silencio, pero no era un silencio completo sino un silencio zumbón, como alterado por un panal de abejas invisibles que de pronto invadieron el lugar. Con disimulo, una señora se miró las piernas en actitud de ahuyentar a quien posiblemente podía dejarle su aguijón de recuerdo; otro señor mayor, muy atildado, movió sus bigotes de lado a lado mientras se espantaba la cara con un gesto que pretendía a todas luces escapar de cualquier posibilidad de ridículo. Es que en esa sala tan sólo estaban los jueces, los fiscales, los abogados de muy distinta estofa, el público, los guardias, los acusados y los testigos. No había abejas volando ni ovejas pastando en los campos de Corrientes.
"No podemos permitir..." arrancó locuaz un defensor de los reos con una voz que era una mezcla absurda de la voz que tendrían seguramente el coronel Cañones y monseñor Tortolo.
"Silencio señor o lo hago desalojar de la sala", tronó nuevamente el juez.
"La memoria parcial no sirve...", se desgañitó una mujer que en verdad no olía a jazmines sino a ese olorcito inmundo de los calabozos.
La inocencia de los familiares de los muertos y desaparecidos le ponía yeso a la rebeldía del dolor, ese dolor tan lleno de llagas por los caminos recorridos. No dijeron nada ante tanta vehemencia, ante tanto odio. Los jueces y fiscales intercambiaban cuchicheos sobre la forma de enmendar el juicio y reencauzar la sesión.
"La memoria parcial no sirve..." repitió chillonamente un señor de traje y corbata y portafolios de cuero marrón, pariente de los reos.
Los reos miraban con cara de nada y a la vez con ojos de "ya van a ver, ya van a ver..."
"Son ustedes los que se condenan..." recordó otra mujer a los gritos aquella frase bíblica del apocalípsis, según un arcángel del diablo.
De pronto, el jefe de la guardia uniformada entró sobresaltado por el pasillo central del salón, se acercó a la mesa del jurado y le pasó un mensaje escrito en un papel arrugado al presidente, éste lo leyó, cerró el papel, lo abrió nuevamente, lo volvió a leer, miró a derecha e izquierda, su rostro enmudecido parecía un cuadro dantesco pintado por Picasso y Dalí a cuatro manos. Todos lo miraban en perfecto silencio.
"Que pasen", ordenó en medio de lo único colectivo y común que se produjo en ese lugar: la incertidumbre.
Fueron entrando en fila india, nueve muchachas, cinco muchachos y tres gurises de entre dos y quince años, a juzgar por la apariencia. Todos sonreían. Se miraban emocionados y parecían contentos, quizá por estar juntos, quizás por tener semejante oportunidad, como si festejaran veinte años después el gol de Diego a los ingleses, tanto el mejor de la historia de los mundiales como el otro, el pícaro, el gol metido con las manos.
Los reos, sus abogados y sus parientes eran estatuas de sal, con el espanto en las cuencas de sus ojos herrumbrados. Los familiares de esa muchachada, reían y lloraban al mismo tiempo, sin euforias, un llanto digno, silencioso, como sabiendo que había que contentarse con verlos siquiera un instante, nada más.
"Identifiquese" ordenó el juez al muchacho más alto de todos.
El muchacho alto dio un paso adelante y respondió:
"Me llamo Vicente Ayala, pero todos me dicen Cacho"
"¿Para qué han venido?" preguntó el juez
Y el muchacho dijo: "para que la memoria sea completa como se reclama" y abriéndose la camisa mostró los agujeros de las balas, la carne morada por los golpes, las llagas azuladas y violáceas que deja el paso de la picana eléctrica, la marca de las esposas sobre las muñecas, el tabique nasal roto y el cuero cabelludo desprendido a bayonetazos. Los demás muchachos hicieron lo mismo mientras que las muchachas, con pudor, mostraron sus espaldas rasgadas por las mismas bayonetas, las costillas rotas y expuestas para siempre, la carne azulada con 220 voltios. Los chicos seguían observando todo con el asombro de todos los tiempos juntos.
Calló la sala. Callaron las abejas. Los muertos se fueron cantando.
Ahora sí, empieza la sesión.
Por Jorge Giles, amigo del "Cacho" Ayala, desaparecido por razones políticas
Enviado por María del Rosario Ayala- Hermana de "Cacho" Ayala

Lo que antecede no es un comunicado de prensa de la Comisión de Derechos Humanos de Corrientes, sino la difusión de una nota de su portal de noticias (http://www.cpdhcorrientes.com.ar/).

DESAPARECIDOS-CORRIENTES
TRIBUNAL RECHAZO PLANTEOS DE NULIDAD DE DEFENSORES DE ACUSADOS POR CRIMENES DE LESA HUMANIDAD

CORRIENTES, feb 12 (DyN) - El tribunal federal de Corrientes rechazó los pedidos de nulidad presentados por la defensa de los cuatro militares y de un oficial de la Gendarmería acusados de violaciones a los derechos humanos, en el primer juicio del interior del país donde se investiga el funcionamiento de un centro clandestino de detención durante la última dictadura.Se trata de la causa popularmente conocida como "Ex - RI9", en alusión al ex Regimiento de Infantería Coronel Pagola, indicado como lugar de reclusión y torturas entre 1976 y 1983. La respuesta del Tribunal fue no hacer lugar a los pedidos de nulidad del requerimiento de elevación a juicio, tal como habían solicitado el pasado jueves los defensores de los cuatro militares y de un oficial de gendarmería imputados en la causa.La resolución del tribunal implicó para la querella una resolución "crucial", puesto que la negativa a la nulidad significó el inicio del debate y la oportunidad para que se realicen las testimoniales en un proceso que durará entre tres y cuatro meses.La causa está caratulada como "Nicolaides Cristino, De Marchi Juan Carlos, Barreiro Rafael Julio Manuel, Losito Horacio, Píriz Roberto, Reynoso Raúl Alfredo p/sup. Asociación ilícita agravada en concurso real con los delitos de privación ilegal de la libertad agravada, abuso funcional, aplicación de severidades, vejaciones, apremios ilegales y aplicación de tormentos".Los imputados son Juan Carlos De Marchi, jefe de Inteligencia del Área Militar 231; los coroneles Horacio Losito y Jorge Barreiro, quienes se encontraban en actividad al momento de ser detenidos, además del gendarme Roberto Reynoso y del sub-oficial del Ejército (R) Juan Carlos Piriz.También figura como imputado el ex Jefe del Ejército, Cristino Nicolaides, quien cumple con prisión domiciliaria por su deteriorado estado de salud en un sanatorio cordobés. Su patrocinante legal, Andrés Vernengo, había solicitado al inicio de las audiencias que su situación se tuviera en cuenta en el marco de un "proceso especial", una vez que sus condiciones físicas le permitieran comparecer a un juicio. Las imputaciones incluyen la participación en secuestros y torturas de una decena de personas entre los que se encuentran los militantes desaparecidos Rómulo Artieda y Juan Ramón Vargas -cuyas familias son querellantes en la causa- , además de otros jóvenes que fueron vistos con vida por última vez en el Regimiento 9.Basados en argumentos tales como la prolongación de los plazos desde el momento en que ocurrieron los crímenes, una "imprecisión" acusatoria y la utilización de "pruebas innecesarias", los abogados Eduardo San Emeterio, Jorge Buompadre, Martín Gesino y Gonzalo Molina (defensores oficiales) y Victor Ross (patrocinante de la Gendarmería) pidieron la nulidad de la elevación a juicio. Por su parte, el Tribunal Oral Criminal, presidido por Victor Alonso e integrado por Lucía Rojas de Badaró, Gabriel Navarro y el conjuez Osiris Jantus, consideró que los planteos eran "extemporáneos e improcedentes, ya resueltos en instancias anteriores" y dispuso la continuidad del proceso oral. Por otro lado, también fueron desestimadas presentaciones realizadas en esta jornada por la defensa, en las que se objetaba la participación como querellantes en la causa de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y de la Comisión de Derechos Humanos de Corrientes, además de una "incompetencia territorial para el juzgamiento de delitos en casos de personas que habrían pasado por varios lugares de detención en la misma época".En este sentido, la respuesta de los jueces estuvo centrada en un artículo del Código Penal referido a la posibilidad de promover juicios en cualquier Estado de la Nación con la condición de que el lugar "garantice la debida realización del proceso y permita la legítima defensa de los imputados".Una vez conocida la resolución del Tribunal fue llamado a declarar De Marchi, quien si bien no se abstuvo formalmente de hacerlo, argumentó que no podía defenderse porque ignoraba de qué se lo acusaba.Luego de un cruce de palabras con el Tribunal para que explicitara su intención de dar o no testimonio, fueron leídos sus descargos que constan en el expediente de la causa. La jornada continuaba en horas de la tarde con las presentaciones del resto de los imputados. Familiares y amigos de los militares se presentaron esta mañana frente a los accesos de la Cámara Federal, en la esquina de las calles Pellegrini y La Rioja de esta ciudad, portando pancartas que reclamaban "memoria completa" y con grandes escarapelas en señal de apoyo a los acusados.

Detienen a uno de los acusados prófugos por la Masacre de Trelew
La Policía apresó en una inmobiliaria porteña al ex capitán Luis Emilio Sosa, a quien los investigadores le venían siguiendo la pista. Es uno de los cinco aún no apresados por la causa del asesinato de 16 militantes políticos el 22 de agosto de 1972. El sábado, otros dos ex marinos imputados habían sido atrapados.

La policía detuvo esta tarde en Capital Federal a otro de los cinco buscados en torno de la causa abierta por la masacre de Trelew del 22 de agosto de 1972, en el que murieron 16 presos de organizaciones de izquierda y tres resultados gravemente heridos cuando fueron acribillados en sus celdas. Se trata del ex capitán Luis Emilio Sosa, quien se entregó a la policía en una inmobiliaria a la cual los investigadores llegaron siguiendo la pista de un departamento que pertenecía al ex marino y que su actual esposa había alquilado hace dos años.

Detienen a uno de los prófugos por la causa de la Masacre de TrelewLa Policía apresó en la Capital Federal al ex capitán de Marina Luis Sosa, a quien los investigadores le venían siguiendo la pista. Es uno de los tres que no habían sido apresados aún por la causa del asesinato de 16 militantes políticos en 1972.

La Policía detuvo esta tarde en Capital Federal a otro de los cinco buscados en torno de la causa abierta por la masacre de Trelew el 22 de agosto de 1972, en el que murieron 16 presos de organizaciones de izquierda, por lo que ascienden a tres los atrapados. El detenido es el ex capitán de Marina Luis Emilio Sosa, quien se entregó a la policía en una inmobiliaria a la cual los investigadores llegaron siguiendo la pista de un departamento que pertenecía al ex marino y que su actual esposa había alquilado hace dos años. "Se entregó sin ofrecer resistencia y no se mostró sorprendido porque estaba al tanto de que se lo buscaba y sabía que de un momento a otro lo ibamos a encontrar" confirmó a Télam el secretario penal del juzgado federal con asiento en Rawson, Mariano Miquelarena. Fuentes vinculadas a la investigación revelaron a Télam que el dato con que contaban era un departamento ubicado en Pueyrredón al 1300 de la Capital Federal, aunque al llegar se encontraron con que había una familia que hacía dos años alquilaba el inmueble. "Del contrato de alquiler se tomó la dirección de la inmobiliaria y la familia que arrendaba el departamento tenía el dato de la señora que había hecho el nexo, que resultó ser la dueña y además la actual esposa de quien nosotros estábamos buscando", indicó Miquelarena. De allí se obtuvo el dato sobre la posible dirección de la vivienda del matrimonio Sosa, que fue encontrado vacía, por lo que se recurrió a la inmobiliaria donde el propietario (cuyos datos no se brindaron) se presentó como amigo del ex marino y se ofreció a hacer el contacto para la entrega que se produjo en el mismo local comercial una hora después. El ex capitán Luis Emilio Sosa cuenta en la actualidad con 73 años y padece, al igual que sus ex camaradas detenidos por la misma causa, problemas de salud propios de la edad avanzada, por lo que "será traído mañana en un avión sanitario de la provincia", aseguró Miquelarena respecto al traslado a Chubut. Con la captura realizada hoy, los detenidos por la causa son el ex jefe de la base Almirante Zar, Rubén Norberto Paccagnini, el ex teniente Emilio Jorge del Real y el capitán retirado Luis Emilio Sosa, ex hombre fuerte del Batallón de Infantería de Marina (BIM) 4. De los tres, Sosa sin duda es el más involucrado por los más de 300 testimonios que se colectaron en la causa, que lo apuntan a él y al teniente Roberto Guillermo Bravo (todavía prófugo) como líderes de la matanza que se ejecutó desde el BIM 4. Para mañana fueron citados a declaración indagatoria Paccagnini y Del Real, quienes nombraron a los penalistas del foro local Fabián Gabalachis y Gustavo Adán Latorre como sus abogados defensores, aunque les asiste el derecho de guardar silencio dentro de la estrategia que se develará recién este miércoles. Mientras se completan los aprestos para las indagatorias de mañana, se sigue con la búsqueda de Bravo y se aguarda la llegada del ex Cabo Primero Carlos Marandino que se encuentra en Estados Unidos y a quien se señala como uno de los presentes en la ejecución. La causa, fue recaratulada hace dos semanas y se denomina "Luis Emilio Sosa, Roberto Guillermo Bravo y otros sobre presuntos autores de privación ilegítima de la libertad y torturas (19 hechos), homicidio doblemente calificado (16 hechos) y tentativa de homicidio (3 hechos)". En la masacre de Trelew murieron los militantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), Carlos Alberto Astudillo, Alfredo Elías Kohon y María Angélica Sabelli. También perecieron los militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) Rubén Pedro Bonet, Eduardo Adolfo Capello, Mario Emilio Delfino, Alberto Carlos del Rey, Clarisa Rosa Lea Place, José Ricardo Mena, Miguel Angel Polti, Ana María Villarreal de Santucho, Humberto Segundo Suarez, Humberto Adrián Toschi y Jorge Alejandro Ulla. La lista de las víctimas fatales se completa con los militantes de la organización "Montoneros" Susana Graciela Lesgart de Yofre y Mario Pujadas. A los fusilamientos sobrevivieron Alberto Miguel Camps, María Antonia Berger y Ricardo René Haidar (todos desaparecidos sobre fines de la década del 70), quienes alcanzaron a relatar que en el interior de la zona de calabozos se produjo una cacería humana.

No hay comentarios: