domingo, 13 de enero de 2008

DURANTE MAS DE UN AÑO CORAZZA DEJO LA INVESTIGACION DE JORGE JULIO LOPEZ EN MANOS DE UN EX COMPAÑERO DE ETCHECOLATZ

El paísDomingo, 13 de Enero de 2008
Jueces y jueces

Por Horacio Verbitsky


La muerte de Héctor Febres fue investigada por la jueza Sandra Arroyo.El caso de Jorge Julio López está en manos del juez Arnaldo Corazza.
La jueza federal de San Isidro Sandra Arroyo Salgado estableció en pocos días que el oficial de la Prefectura Héctor Febres había sido asesinado, identificó a dos de los responsables, formuló una hipótesis fundada sobre las motivaciones, secuestró las computadoras escondidas lejos del lugar y remontó hacia arriba la cadena de responsabilidades, pese a los obstáculos interpuestos por la cúpula de esa fuerza policial.
El crimen pudo haberse evitado, si el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, no hubiera retenido durante más de cien días una denuncia de un marinero de la Prefectura sobre las condiciones irregulares de la detención de Febres, que actuaba como superior de sus carceleros. Duhalde recién la remitió al juez federal Sergio Torres el 26 de octubre, cuando comenzaba el juicio oral al represor. Torres no fue menos negligente: se limitó a pedirles un informe a los jefes de la Prefectura del Tigre, que por supuesto le respondieron que todo estaba en orden. Son los que hoy están procesados por el homicidio. Torres y los jueces del Tribunal Oral Federal 5 Guillermo Gordo, Héctor Farías y Daniel Obligado, no aceptaron detener a Febres en otro lugar pese a la solicitud de las querellas. Hoy enfrentan una denuncia por mal desempeño ante el Consejo de la Magistratura presentada por el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y otras personas.
A diferencia de Arroyo Salgado, el juez federal de La Plata Arnaldo Corazza no ha avanzado en la pesquisa por la desaparición forzada de Jorge Julio López, de la que ya han transcurrido dieciséis meses. El expediente es una mera acumulación de papeles que nadie en el juzgado ha leído en su totalidad, el juez actúa en forma errática, sin hipótesis ni líneas investigativas, y cuando las querellas o alguna fuerza de seguridad no comprometida con el encubrimiento le solicitan medidas de prueba, las niega en forma sistemática sin siquiera fundamentarlo.
Arroyo Salgado excluyó a la Prefectura de la investigación, una medida elemental que Corazza no ha adoptado respecto de la policía bonaerense, dado que López fue testigo en el juicio en contra de su ex director de operaciones Miguel Osvaldo Etchecolatz. En su declaración testimonial mencionó a quince policías que participaron en los mismos crímenes. Ninguno de ellos ha sido investigado, pese al reclamo de los querellantes y de la propia fiscalía. Cuando se ordenó el allanamiento a uno de esos policías se constató que se trataba de un nonagenario italiano homónimo. Esto es posible porque con la excusa de la escasez de personal, el juez deja acumular cajones enteros de cintas con intercepciones telefónicas que nadie escucha y de las que no se saca ninguna conclusión. Nada cambiaría si alguien las borrara, como ocurrió en la causa de la AMIA.
Durante más de un año, Corazza dejó la investigación en manos de un ex compañero de Etchecolatz y de los policías sospechados, el comisario Oscar Alberto Farinelli, que hizo toda su carrera en la Dirección General de Inteligencia (Dipba), de la que era parte cuando López fue secuestrado por primera vez, en 1976. Toda la información de ese hecho está en la Secretaría Especial del juzgado, a pocos metros de donde se tramita la causa por su desaparición, pero el juez no le da intervención ni se interesa por cruzar esos datos. En septiembre pasado, Farinelli admitió en un reportaje que desde Dipba realizó seguimientos de militantes políticos y que algunos de ellos pudieron haber sido luego secuestrados, como ocurrió con López. Fue Farinelli quien sembró en la causa una pista falsa: un grupo de militares seineldinistas que fantaseaban con un golpe de Estado, del que habían redactado hasta las primeras medidas de gobierno. El grupo existe, pero no hay el menor indicio de que tenga vinculación con el secuestro de López, salvo la declaración de un suboficial introducido en la causa por Farinelli, que declaró que se proponían obstaculizar el avance de los juicios por violaciones a los derechos humanos. Si consideraba que estaban vinculados con el secuestro de López, Corazza debería haberlos procesado; si la falta de pruebas cerraba esa vía, le quedaba la alternativa de denunciarlos para que otro juzgado investigara sus ilusorias conspiraciones.
Tampoco procesó a la docena y media de agentes del Servicio Penitenciario Federal contra quienes tiene sobrados elementos, obtenidos durante el segundo allanamiento al penal de Marcos Paz, para su sorpresa sin conocimiento previo del SPF. Allí se verificó que habían cambiado los números telefónicos para que los detenidos por crímenes de lesa humanidad pudieran comunicarse sin que las escuchas ordenadas por el tribunal brindaran algún elemento de interés investigativo. Las fojas del informe sobre el tema remitido por el Ministerio de Justicia fueron modificadas en forma ostensible, pero tampoco eso despertó la curiosidad del magistrado. En aquel allanamiento se secuestraron agendas de Etchecolatz y de otros detenidos, pero no se ordenó ningún análisis de las comunicaciones efectuadas desde y hacia esos números, con lo cual se suman fojas bobas que no conducen a ningún lugar. Recién ocho meses después del secuestro de López y a insistencia de las querellas Corazza encargó un cruzamiento informático de las llamadas entradas y salidas del domicilio de Etchecolatz.
Corazza comenta que está cansado y que desea jubilarse. Sin embargo, no ha delegado la causa en la fiscalía, donde hay más voluntad de avanzar. Se limita a entorpecer cualquier línea capaz de incomodar a cualquier sector con algún poder, real o imaginado. Por mucho menos otros jueces han sido denunciados ante el Consejo de la Magistratura y removidos en juicio político. El Consejo, la Corte Suprema y el Poder Ejecutivo son los únicos organismos que pueden poner coto a esta situación escandalosa, en la que la política de derechos humanos se convierte en una burla ofensiva.




ENTREVISTA AL REPRESOR EDUARDO "TUCU" CONSTANZO
"No quieren que hable de lo que tengo que hablar"



En una entrevista concedida al programa "Trascendental" de LT 8, el represor procesado por crímenes de lesa humanidad -cumple arresto domiciliario-, dijo que "están buscando sacarme de mi casa para mandarme a una cárcel para que me maten".

Constanzo cumple arresto domiciliario en su casa de Rosario. "Estoy mal, mal, estoy totalmente enfermo", dijo.
Imagen: Sebastián Granata
Por José Maggi
-¿Por qué decidió hablar ahora después de tanto tiempo?
-Porque ha llegado el momento, porque antes estaba muy impresionado con riesgo de muerte, porque cuando estaba detenido en el Batallón 121 me quiso matar dos veces el teniente coronel (Juan Daniel) Amelong. La denuncia está en el juzgado de Sutter Schneider y no se hizo nada, a pesar de que había testigos como los soldados. Y ahora están buscando cómo me sacan de mi casa para mandarme a una cárcel para que me maten, y me pase lo mismo que le pasó a (Héctor) Febres, porque lo que ellos pretenden es que no llegue al juicio oral.
-¿Por qué cree que lo quieren llevar a una cárcel común?
-Porque ayer (por el jueves) me llegó un oficio en la que dicen que quieren revisarme con un médico forense con posible destino a una cárcel común.
-¿Quien firma ese oficio?
-El Tribunal Oral Nº1 , con la firma del doctor (Otmar) Paulucci.
-¿Cuándo debe presentarse?
-Tenía que presentarme hoy (por ayer) a las 11.30 de la mañana, pero estoy mal, mal, estoy totalmente enfermo. Asi que vino la Policía Federal y labraron un acta. Lo que le digo es que van a buscar cualquier forma de que me maten, para que no llegue al juicio oral y no hable lo que tengo que hablar.
-¿Qué puede decir que no haya dicho ya en sus declaraciones judiciales?
-Mucho, más de la mitad porque yo no tenía garantías en el juzgado de Sutter Schneider porque cuando estaba en el 121 iba el coronel Chizzini Melo que era el nexo ente el Ejército y la justicia. Y me decía que cuando se fuera (Omar) Digerónimo lo iban a nombrar a Sutter Schneider que era "hombre nuestro y lo manejamos nosotros". Y yo también tenía las esperanzas en él, porque lo conocía al padre. Fue entonces que lo nombraron a Vera Barros, y después llego al final él. Es un hombre que no me merece confianza porque de lo que yo le he dicho no ha hecho nada, ni de lo que le pidió la (ex) fiscal Tessio, que pidió la detención del teniente coronel Marino González, del teniente coronel Rodolfo Riegé, de Walter Pagano, de Rodolfo Isachs, Ariel Porra, Ariel López, Alberto Pelliza alias Armando, Francisco Scilabra, Jorge Cabrera alias Andrés y Jorge Pérez Blanco a quienes se les debía tomar declaración indagatoria. Y el juez no citó a nadie.
-¿Usted que está procesado por crímenes de lesa humanidad y ahora pide justicia para que vayan presos sus viejos compañeros?
-No son mis viejos compañeros sino los que han cometido los crímenes porque no los cometí yo. Yo estaba viendo lo que hacían, pero los que apretaron el gatillo fueron ellos. Los matadores fueron Rodolfo Isachs...
-¿Los matadores de quienes?
-De los catorce detenidos en La Intermedia de los que se me culpa. Los mató Isachs, Amelong, (Jorge) Fariña, y (Pascual) Guerrieri, que son los cuatro que estaban en la pieza, los hacían llevar uno por uno y los mataban ahí adentro.
-¿Qué fue La Intermedia?
-Una casaquinta de la familia Amelong, ubicada en el kilómetro 23 frente al Automóvil Club, yendo a Santa Fe. Ahí estaban alojados cuatro o cinco meses.
-¿En qué época ocurrió esto?
-Era 1978, dos o tres meses antes del Mundial de Fútbol. El Ejército tenía que deshacerse de esa gente porque tenían que trabajar en el Mundial.
-¿Cuánto tiempo los tuvieron allí?
-Los tuvieron tres o cuatro meses después que los sacaron de la Escuela Magnasco.
-¿Y antes de eso dónde habían estado detenidos?
-Dos meses en la Quinta de Funes. Y antes de eso en La Calamita.
-¿Qué pasó en La Intermedia?
-Fue donde los eliminaron. Yo le dije a Sutter Schneider que le podía indicar cómo y dónde los mataron. Y el juez me contestó que no era yo el que le debía dar órdenes. No me llevó nunca.
-¿Qué hay en La Intermedia para que usted señale?
-Un chalet, a unos veinte metros había una casa en construcción prácticamente terminada a la que faltaban los pisos nada más, no sé cómo está ahora, ese lugar es donde los mataron. En el chalet vivían, comían y dormían.
-¿Cómo los mataron?
-Con dos tiros en el corazón que les pegaba Rodolfo Isachs, el ex comisario general, que hoy se encuentra en Pinamar en una cabaña.
-¿Quiénes eran los detenidos que fueron asesinados en La Intermedia? -Tonioli, Nacho y la Nacha, Leopoldo Tossetti y la señora, la Gringa y la Foca, que era el marido, estaba Novillo, el Tío, son esos catorce.
-¿Y quién fue la mano ejecutora?
-Isachs, pero imagino que los otros los agarraban para que les pegue el tiro. Hasta ahí no veíamos nosotros porque los metían en la pieza.
-Usted era Personal Civil de Inteligencia, pero ¿qué rango tenía el resto?
-Igual que yo. El resto como Amelong era teniente coronel del Ejército, Guerrieri era teniente coronel y segundo jefe del Destacamento de Inteligencia, y Fariña era el jefe de la patota con el grado de capitán ascendido ya a mayor.
-Además de los centros clandestinos de detención que nombró como La Calamita, la Quinta de Funes, la Escuela Magnasco y La Intermedia, ¿qué otros centros de detención funcionaron en esta región?
-No conozco ninguno más, desde el 77 al 78 eran esos. Pero lo que yo quiero decirle es la gente de la patota que anda afuera. Por ejemplo Cabrera alias el Barba, es el único que interrogaba y torturaba porque estaba especializado, lo mandaron a hacer un curso. El resto ni yo ni nadie hemos tocado a nadie porque no estábamos autorizados. Los que lo hacían eran él y Fariña. El Barba era el que la torturó a (Adriana) Arce, a (Tito) Messiez durante cinco horas lo torturó, es el que tortura a Cambiaso y Pereira Rossi dentro del camioncito en bulevard Oroño al fondo, cuando estaban haciendo la avenida de Circunvalación. En democracia empezó a trabajar en la Defensoría del Pueblo, pero no trabaja más, no sé dónde anda.
-¿Cómo es posible que un asesino como él haya tenido cabida en una entidad pública?
-A ese lo nombró (Norberto) Nicotra, que nombró también a Víctor "Chuli" Rodríguez.
-¿Qué hizo Rodríguez en la dictadura?
-No estuvo acá en la dictadura, estuvo después. El Chuli estuvo en el secuestro de Cambiaso y Pereira Rossi, junto con Guerrieri.
-¿Por qué participa Rodríguez?
-Porque era capitán y los trasladaron a Rosario después de Malvinas. Y acá llegó a ser segundo jefe del Destacamento.
-¿Es el mismo coronel Rodríguez que cruza Los Andes a lomo de mula emulando lo que hizo el general San Martín?
-Sí, es el taradito ese, ese mismo. Pero hay otros: como Sfulcini que lo sigue y lo hace detener a Messiez en una fotocopiadora, junto con el Barba, Pagano, Porra y Gustavo Bueno. Lo chupan en el centro y lo llevan a La Calamita y lo torturan durante cinco horas.
-¿Cómo termina la vida de Messiez?
-Y desaparecido, cómo va a terminar.
-¿Pero dónde está su cuerpo?
-Habría que preguntarle a los tiburones de la bahía de Sanborombón...
-¿Quién fue el que dio la orden?
-No sé si fue (Leopoldo) Galtieri o directamente la Presidencia. Pero en esos vuelos iban Ariel Porra, alias El Puma, que es además el matador de Remo (sic), y el mismo que lleva a Cambiaso y Pereira Rossi y se lo entrega a Patti tirado en el piso; Porra es el que lo lleva pisándole la cabeza. Este Porra se lo entrega a Patti, y lo mismo hace Filtro, alias Sebastián que es el yerno del coronel Pozzi, y es el que lo lleva en el otro auto, pisándole la cabeza y el cuello a Rossi para entregarlo a Patti.
-¿Quiénes hicieron esa operación?
-La hicieron en el bar Magnum, y fueron Rodriguez, Guerrieri y toda la Patota, que estaba integrada por el Gato Andrada que era arquero de Central, y que se jubila del Destacamento (de inteligencia) como agente del servicio, y también estuvo en el secuestro de Cambiaso y Pereira Rossi, como Raúl Campilongo, que estaba en la puerta.
-¿Quién es Campilongo?
-El que estaba en Vivienda, que sabía estar con Cerruti.
-¿Esta gente alguna vez declaró ante la justicia?
-No nunca nadie ha hecho nada. Es más cuando nosotros conseguimos el pedido de captura de Pagano y lo detienen mis hijos, le avisan la juez Sutter Schneider que viajaba en auto hacia Rosario a la altura de Cañada de Gómez. Y sabe lo que dijo al comisario de la segunda que lo llamó: "Mire qué boludo dejarse detener". Y estaba molesto porque mis hijos habían detenido a Pagano.
-¿Qué otros represores sueltos quedan aún hoy en la ciudad?
-Ariel Porra, el Puma; Ariel López que es el que lo mata a Remo y tira a la gente del avión; Isachs Rodolfo, que mata a los catorce detenidos; Juan Carlos Bossi, que está en Barcelona, y es el que los inyectaba y los mataba. También me acuerdo que entre los veintisiete que llevaron a Monje para matar estaba la cieguita de la otra cuadra de mi casa, de la calle Santiago. A ellos los mataron en Monje y según me contó Hugo Cardozo antes de morir de cáncer cuando vino a mi casa hace ocho meses atrás, a los veintisiete los enterraron en una finca de Rolón en Santa Fe. Con todo eso la fiscal Tessio le pidió a Sutter que me hiciera declarar con el juez de Santa Fe y no hizo nada.
-¿Qué participación tuvo Jorge Walter Perez Blanco en la represión?
-Y era el jefe de la sección Calle, era el que llevaba a toda la gente, el que los hacía detener y el que los entregaba. Estuvo mucho tiempo también trabajando en La Calamita.
-¿Qué otros trabajaron junto con usted en La Calamita?
-Armando Pelliza, uno que vive en Deán Funes 1729/31. Ese es otro que era igual que yo, pero era del grupo que iba en el avión donde yo no iba. La verdad es que quería ir pero nunca me llevaron. Es uno de los integrantes del grupo que arrojaba gente del avión. El que manejaba todo ahí era el teniente coronel Marino González que vive en Santa Fe alias Pepe. Fíjese que yo denuncio ante Sutter Schneider la desaparición de los enfermeros del Sanatorio Plaza, que los secuestra el teniente coronel Riegé, y digo cómo los llevaron, dónde los llevaron, qué auto me hicieron manejar a mí, qué capitán iba con nosotros. Y lo único que ha hecho el juez es hacerme coautor a mí.
-¿Quiénes eran sus jefes en La Calamita?
-El jefe del Destacamento era el coronel Pozzi, pero nunca estaba. El que estaba al frente de todo era el teniente coronel Guerrieri, después Fariña que era capitán ascendido a mayor, y el teniente coronel Marino González, y después había un par de sargentos, y el encargado de la Patota de nosotros era el sargento Mario Vera. Todo esto lo entregué en el juzgado y tampoco lo citaron.
-¿Cuál era la articulación entre el Ejército y el Personal Civil de Inteligencia?
-Nosotros estábamos a disposición de ellos como empleados, nosotros nos presentábamos a trabajar y ellos tenían diagramados todo lo que había que hacer, así que salíamos en los autos con ellos a detener a Fulano o a Mengano. Ellos sabían dónde los iban a detener porque los detenidos que tenían trabajando para el Ejército les daban los datos y hacían contacto. Quiere decir que los mismos compañeros los entregaban, entonces los hacían hablar por teléfono y arreglaban el encuentro. Así que los largaban pero en cada una de las esquinas estaba el Ejército, así que cuando se encontraban los chupaban a los dos.
-¿Por qué habría que creerle si usted declaró ante la justicia que en La Calamita había dos cuerpos enterrados y se excavó y no se encontró nada?
-Porque removieron la tierra y lo sacaron, eso no es culpa mía. Es lo mismo que lo que desmantelaron La Calamita y la desfiguraron completa, demolieron un montón de cosas que había. Pero además algo se encontró: hubo remoción de tierra en el lugar que yo había indicado, a un metro cincuenta se hallaron dos monedas del 77, algunos huesos que tiraron a propósito, pero lo que dice el antropólogo es que encontró una falange, que fue a análisis y no hay novedad de eso.
-¿Quiénes están enterrados en La Calamita?
-A mí, a Pagano, a Roscoe, a Bueno y a los dos Isachs nos obligan a que enterremos a Remo. Cuando vamos a hacerlo, yo no quería porque no le había tocado ni una uña a ese muchacho, a ese pobre pibe, que era un almita, chiquito, flaquito.
-¿Quién era Remo?
-Era un militante montonero que venía de San Juan. Lo llevamos para ver si deteníamos a otro, venía conversando con él y yo le decía que era devoto de la Difunta Correa. En la furgoneta venía atrás con él, y manejaba Bueno, al lado Pagano y atrás venía Rodolfo Isachs. Cuando llegamos a La Calamita lo bajan y le empiezan a dar como a un animal y lo matan. Lo mataron Porra, Armando Pelliza, Ariel López y Rodolfo Isachs.
-¿Están vivos los cuatro?
-Claro, están vivitos y coleando por la peatonal. ¿Sabe cuántas veces los habrá cruzado usted?
-¿Quién es Ariel Lopez?
-Alias Aldo, vive en barrio Rucci, le decían el Oreja, y supo ser mozo del Rilke. Después lo metieron de agente de inteligencia porque atendía a los milicos con las minas que estaban ahí.
-¿Quién es Porra?
-Es el Puma que vive en avenida del Rosario al 500 y estaba de pata de plomo en el boliche La Iguana (Roca al 700). Ahora está trabajando en la agencia de seguridad del "Petiso" Aguilar, otro que era agente de nosotros, era un servicio que caminaba con Pérez Blanco.
-¿Hay mucha gente libre con un pasado oscuro como el suyo Constanzo?
-Todos están libres, el único chivo expiatorio que está preso es Eduardo Constanzo.
-¿Qué pasó con los mellizos de Raquel Negro?
-A la chica embarazada, que era la mujer de Tulio Valenzuela, la internan en el Hospital de Paraná como sobrina de Galtieri, y la ubican en una habitación con dos camas, aislada, porque no querían que tomara contacto con nadie. Y pusieron a uno de nosotros de custodia las 24 horas. Así hasta que tuvo los mellizos, y me enteré que el nene había nacido muerto, y la nenita la entregaron Pagano y Amelong en un convento. Hay que averiguar en qué lugar fue por la fecha. Esto fue en el año 78, antes del Mundial. Y esa misma noche que mataba Isachs en La Intermedia, la trajeron a esa chica muerta desnuda en un auto Pujad 504.
-¿Qué pasó con la Operación México, que terminó con el funcionamiento de la Quinta de Funes?
-A la Quinta de Funes llevaron a la gente para levantar La Calamita porque ya estaba muy quemada. Pero en la Quinta de Funes fue una vida divina de todos los muchachos, la pasaron muy bien.
-Parece una tomada de pelo de su parte, porque era un centro clandestino de detención...
-No, lo dijo el Pelado Jaime Dri... Pero le cuento que la Operación México se dio cuando Tulio Valenzuela, el papá de los mellizos, tenía una reunión con Vaca Narvaja y Firmenich que bajaban de Italia. Así que Valenzuela los iba a entregar a los dos en México, a Fariña, a Amelong y al Barba Cabrera, que viajaron. También fue el montonero Nacho con ellos. Todos viajaron con pasaporte falso, y cuando llegaron los dejaron libre para que fuera a la reunión, pero se asusta y va al diario y dice que han venido militares a matar montoneros a México. Y se arma el gran revuelo, así que tiene que "pirar", pero a dos los meten presos: a Amelong y a Nacho, el montonero. Después los ponen a los cuatro en la frontera y los largan.
-¿Por qué niega Amelong haber participado de ese operativo?
-Lo niega porque es un cobarde, antes eran el lobo feroz, y ahora quieren aparecer como Caperucita Roja. Pero son además de cobardes, ladrones, delincuentes, porque no han dejado casa sin saquear.
-¿Quiénes se enriquecieron robándoles a los mismos que torturaban y mataban?
-Un día allanan dos armerías en Rosario. Uno de los armeros era Sánchez de apellido, y el otro murió. Y lo hicieron solo para saquearle la armería, le sacaron todo. Todavía no sé si uno de ellos tiene un aplique de cuernos de ciervos, que se había llevado de allí.
-Cualquiera que lo escuche piensa que usted por lo que dice nunca mató a nadie...
-Es verdad, nunca maté a nadie, y lo digo con la frente bien alta.
-¿Está seguro?
-Solo una vez en una pelea en Tucumán, pero fue una cuestión personal, porque me dieron cuatro tipos una paliza bárbara y me defendí. Esa no fue una cuestión del Ejército porque nadie me lo había ordenado. Esa fue una desgracia que he tenido en la vida y la pagué con cárcel.
-¿Y tampoco torturó a nadie?
-No, porque nunca me autorizaron, ni me dieron órdenes aunque yo no quise tampoco, jamás me dieron orden. Estaba la gente organizada para eso.
-¿Por qué tiene miedo que lo maten para que no declare? ¿No dijo ya todo lo que sabe?
-No, hay muchas cosas que no están. Hay cosas en los papeles. Incluso le digo más, estoy excarcelado por la Cámara de Casación. Pero cuando llegó ese fallo el juez Sutter Schneider, separó las causas, me dio la libertad por Fábrica de Armas y me la negó por la causa Guerrieri.
-¿Por qué no cuenta dónde están los cuerpos de los desaparecidos como lo están esperando sus familiares?.
-Los tiraron a la bahía de Sanborombón y se los comieron los tiburones. Los tiraban del avión, salvo a los 27 que llevaron a Monje y los mataron en el chalet de Ricardo Rodríguez Alex Patiño, que tenía una wiskería en la calle Maipú. A ellos los enterraron en la finca del coronel Rolón. Todo eso lo declaré ante el juez, al igual que la bomba que me mandó a poner Rubeo, que me trajo el trotyl, al diputado Perreta, que no sabía quién era, porque no le quería votar en la Asamblea Legislativa como senador a (Luis) Rubeo. Fue en el año 87. Fuimos con Pagano y le pusimos la bomba. De esto me arrepentí, tanto como ayudarle a otro a que le desarme un auto robado.



A 30 años de la desaparición física de Élida O. Goyeneche

Hoy nos encontramos aquí porque hace 30 años que me robaron a mi mamá. Hace 30 años estos cobardes, traidores de la Patria, que irrumpieron en el poder en marzo de 1976 secuestraron para luego desaparecer a mi madre. Yo tenía tan sólo 1 año de vida, junto a mi hermano, que en ese entonces tenía 3. Juntos crecimos bajo el cobijo y el amor de nuestros abuelos, pero con el profundo dolor y la incertidumbre de no saber qué pasó con mamá, con Élida. Mi papá, Pedro Miguel Sobko también fue desaparecido a manos de las fuerzas conjuntas de seguridad en la ciudad de Paraná. Mis padres y los 30.000 compañeros no hacían más que soñar con un mundo con justicia social y libertad. Eso era lo que deseaban, que todos tengan para comer, que todos tengan la posibilidad de acceder a un trabajo digno, que la distribución de la riqueza en este país sea justa y equitativa.
Crecer, vivir, comprender la desaparición de un ser querido no es natural. La desaparición física de Élida a manos de asesinos que se autodenominaban señores de la vida y de la muerte, que siguen en libertad caminando por las calles de Goya con total impunidad; nos convoca hoy nuevamente para seguir exigiendo justicia. Mientras, yo pase 30 años de mi vida volviendo a esta ciudad, intentando hallar las respuestas sobre el paradero de mi madre.
A estos cobardes que nos arrancaron las esperanza de un país más justo, más solidario, un país del pueblo y para el pueblo; a estos señores, asesinos, genocidas, torturadores, les queremos decir que la podrán haber desaparecido físicamente, pero para mí ella nunca se habrá ido. Tanto ella como mi papá están vivos en mi lucha, en mi amor hacia ellos. Por otra parte también a todos aquéllos que nos han dicho “algo habrán hecho” les decimos que sí! Que ellos algo hicieron, ellos pelearon por un proyecto de país y un proyecto de sociedad diferente al que tenemos hoy. Y Élida era una mujer que integraba esa juventud maravillosa que dejó su sangre en la pelea por los ideales.
Nos sobran las razones para estar aquí hoy, recordándola porque es nuestra forma de traerla a la vida, nuestro imperativo de no olvidar a pesar de tanta muerte, de todo el dolor, de tanta vida desgarrada.
Nos cuesta aceptar que la justicia es tan lenta. Que los responsables están en las calles gozando de toda la impunidad que le dio una sociedad civil que muchas veces decidió mirar para otro lado. Porque la justicia cuando es lenta, no es justicia. Porque cuando la justicia se maneja en los parámetros de la impunidad, no es justicia. Nos cuesta creer que las madres y las abuelas se nos están yendo sin conocer la verdad. Me duele hasta lo más profundo de mi ser pensar que mi abuela Pepita y mi abuelo Oscar se puedan ir sin saber qué pasó con Élida, quiénes son los responsables, sin poder llevar una flor a la tumba de su hija. Pero a pesar de todo seguimos apostando a la memoria, a la verdad, a la lucha que es posible para cambiar este estado de las cosas.
Hoy te puedo decir mamá que estoy orgullosa de vos, que si tendría la ínfima posibilidad de tenerte enfrente te contaría que sos abuela de dos bellezas, dos gordas preciosas, mi hija se llama Federica y la de Oscar se llama Ana Lucía. Te contaría que estoy militando como vos que busco todos los días incansablemente saber la verdad, la verdad de lo que pasó con vos mamá, y la verdad de lo que pasó con papá. A veces pienso que injusta que es la vida, nos quitaron la posibilidad de conocernos, de reir juntas, de llorar juntas… Yo mientras tanto sigo soñando con ese día en que nos encontraremos y nos daremos un abrazo de amor, ese que tanto esperé en las noches de mi infancia, y que tanto espero en los momentos importantes de mi vida. Te imagino viva, hoy, con nosotros acompañando cada bandera que levanto. Viendo crecer a tus nietas, con todos los mimos de abuela de los que hoy se ven privadas.
Por Élida, por los 30.000, por todos aquéllos que apuestan a luchar y a crecer, por todos los que no olvidamos, porque no nos han vencido. Porque sigo peleando por la sonrisa de mi hija y la de mi sobrina. Por las sonrisas de las generaciones que siguen. Por la verdad.

Goya, Ctes., 12 de enero de 2008.-


Clarisa Elida Sobko



1 comentario:

Anónimo dijo...

There are many reasons why individuals choose this belt.


Here is my web blog - flex belt Coupon