domingo, 15 de julio de 2007

"Pozo de Banfield" CAMPO DE CONCENTRACION PROVINCIA DE BUENOS AIRES-PARTIDO DE LOMAS DE ZAMORA


El médico de la policía bonaerense en tiempos de Camps, Jorge Bergés fue identificado por enésima vez como participante de las torturas y como el responsable de las mujeres embarazadas cautivas en los campos de concentración regenteados por Miguel Etchecolatz y Guillermo Suarez Mason.
Los tres represores permanecen con prisión preventiva dictada por el Juez Arnaldo Corazza por el delito de sustitución de identidad de la hija de Aida Sanz y su compañero, ambos uruguayos desaparecidos. La niña nació en el llamado Pozo de Banfield, uno de los centros donde la policía de la provincia de Bs.As. concentraba a las mujeres secuestradas embarazadas.
La ex detenida desaparecida Adriana Chamorro, que viajó desde Canadá donde reside desde su liberación, fue presentada como testigo por la Asociación de ex Detenidos Desaparecidos a través de la APDH La Plata que es parte en la causa.

En un testimonio conmovedor, sus angustiosos recuerdos complicaron la situación de los reos, confirmando su participación en el robo de bebes, en el secuestro y tortura de los padres, en su posterior desaparición y en la asociación delictiva-represiva con fuerzas extranjeras en el llamado Plan Condor. Todos crímenes considerados contra la humanidad por nuestra Constitución y el derecho internacional.
En un relato de varias horas, entre otros importantes aportes, dijo la testigo:
"En la madrugada siguiente de mi llegada al Pozo de Banfield me comuniqué con la celda colindante del sector "B" por la pared del fondo, en la que se encontraba María Asunción Artigas Nilo de Moyano, uruguaya, quien me informó que estaba embarazada de aproximadamente cuatro meses y que el diagnóstico había sido confirmado por María Antonia Castro de Martínez, uruguaya, médica, secuestrada en un calabozo vecino."
"Supe por comentarios de los demás desaparecidos y por los ruidos que se escuchaban del piso de abajo que había allí otros secuestrados."
Entre ellos: "....María de Moyano, Alfredo Moyano, Andrés Carneiro y María Antonia Castro de Martínez, con quienes podía hablar a través de la pared, me dijeron que Yolanda y Aída habían tenido en ese lugar la primera un hijo y la segunda una hija, que les fueron quitados inmediatamente después de nacer sin saber ellas donde los llevaban."
" Aída fue trasladada a la Brigada de Quilmes, donde fue nuevamente torturada, entre abril y principios de mayo de 1978, junto con otros de los uruguayos del Pozo de Banfield, y allí, siempre según María de Moyano, que fue trasladada también a Quilmes y estuvo en el mismo calabozo que Aída, la vio un integrante del grupo que la detuvo, Saracho o el Zorro, quien le dijo que su hija estaba bien, en manos de una familia que la tendría hasta que ella recuperara su libertad, y le hizo firmar un papel autorizando bautizarla."
"Según me relataron los uruguayos, en su traslado e interrogatorio en Quilmes participaban las mismas fuerzas de seguridad uruguayas que los habían secuestrado."
"Durante todo este período María Artigas de Moyano me relató en diferentes ocasiones que la mayoría de los uruguayos había sido torturada durante la primera parte del secuestro y que cinco detenidos al mismo tiempo que ellos, o alrededor de la misma fecha, entre ellos el compañero de Aída Sanz, habían sido trasladados a Uruguay clandestinamente, viaje para el cual ellas fueron obligadas a hacer la comida."
"Todos los uruguayos fueron trasladados con destino desconocido, salvo Ileana García Ramos de Dosset y María Artigas de Moyano. Ella quedó en el lugar evidentemente porque estaba embarazada, creemos que Ileana también porque pensaban que ella estaba embarazada, ya que no tenía menstruación desde hacía unos meses. Ambas estaban juntas en el primer calabozo de ese sector."
"María de Moyano, o Mary, tuvo un ataque de nervios o de epilepsia, de lo que sufría a menudo, y a raíz de esto se presentó uno de los jefes del lugar, de mediana estatura, más bien bajo, de voz aguda, que le dijo casi gritando: "Tenes que mentalizarte que hasta que no nazca tu hijo no vas a salir de aquí". Ese día la atendió un médico de barba, no muy alto.
"Estando yo en el sector "B", en el calabozo No. 11, llegó a mediados de junio un matrimonio de argentinos, al que instalaron en el sector "A". La señora tenía piojos y los guardias mandaron a su sector a Mary para que le cortara el cabello. Ellos le contaron que habían sido traslados clandestinamente desde Uruguay, lugar de su detención, a la Argentina, hacía alrededor de un mes, es decir, a mediados de mayo de 1978."
"A los pocos días, cuando me habían sacado para limpiar los calabozos vacíos, tuve ocasión de hablar con la mujer por la pared del fondo de su celda. Me relató su secuestro desde Uruguay, donde vivían, y me dijo que los habían secuestrado con su hijita de dos años, llamada Paula, sin que ella supiera dónde estaba en ese momento. Los trasladaron a la Argentina, el primer lugar por el que pasaron fue la Brigada de San Justo, donde fueron torturados, para ser trasladados luego al Pozo de Banfield. Dijo que estuvieron casi un mes en San Justo, que al ser trasladados ya casi no quedaba nadie en el área de los desaparecidos y que estaban pintando el lugar. Esta pareja fue trasladada de Banfield a fines de junio. Según supe después, estando ya en libertad, se trataba del matrimonio Logares, cuya hija fue recuperada por la abuela."
"Ante un golpe que yo daba en la pared del fondo, Carlos contaba los segundos que duraba la contracción, mientras que ante otro golpe Eduardo controlaba el intervalo. Alrededor del mediodía, con las contracciones muy cerca unas de otras, para evitar que Mary estuviera demasiado tiempo con los guardias, llamamos y la trasladaron a la enfermería del primer piso, debajo de nuestros calabozos. Una media hora después pudimos escuchar un grito agudo. Al subir más tarde el guardia con la comida nos dijo que había nacido una niña, a las doce y media del mediodía. Alrededor de las 20 horas del mismo día, Mary volvió al calabozo sin su hija, con un paquete de algodón, en frasco de desinfectante y una sábana con manchas de sangre que sirvió para recibir a su hija al nacer y me relató lo siguiente:
Tuvo una niña que pesaba aproximadamente 2,700 kilogramos, que era muy nerviosa y que se sobresaltaba ante el menor ruido o movimiento y que sus orejas eran iguales a las del padre, Alfredo Moyano. Se la dejaron hasta las ocho de la noche, después de haberle hecho limpiar la enfermería. A esa hora llegó un hombre joven vestido de guardapolvo blanco. El oficial de turno, el mismo que había estado presente en el parto, le entregó el bebé al joven envuelto en un abrigo gamulán diciéndole a Mary que lo llevarían a la Casa Cuna. Mary tuvo que llenar unos formularios con sus datos personales y los del padre de la niña, además de las enfermedades que habían tenido en la infancia y el nombre de la niña, Verónica Leticia. La niña fue recuperada años después por sus abuelas.
La ex detenida desaparecida reflexionó ante los jueces: "El Pozo de Banfield era en realidad un hervidero de vida".........
"El médico que atendió a Mary era uno que ya había venido en otras oportunidades y que también actuaba en las brigadas de San Justo, y de Quilmes, de cabello ondulado castaño y ojos castaños, bigotes y tez mate clara. Es el mismo médico que estuvo durante mi tortura: Me controlaba con un estetoscopio y decía cuándo podían seguir y cuándo tenían que parar. El interrogatorio duró un día entero, y al día
siguiente me hizo curaciones en la boca y un pie.
Ya en libertad lo reconocí como Jorge Bergés."
"Supe también que "Tiburón" era el alias del entonces "oficial de calle" y finalmente comisario de la policía bonaerense José Antonio Raffo, que comandó mi secuestro."
La segunda guardia tenía como responsable al cabo Manuel Moreno, y su ayudante, cuyo nombre conozco porque en una ocasión nos mostró su documento de identidad, era Juan Angel Luján, alias "Virgencita" ."

La contundencia de las pruebas aportadas por los ex detenidos desaparecidos imponen al juez continuar la investigación más allá de la supresión de identidad y avanzar sobre los otros crímenes denunciados. Por de pronto el fiscal actuante, Oscar Gutiérrez Eguía, opinó por el rechazo al argumento de prescripción presentado por Bergés y Suarez Mason, contestando al requerimiento de sus defensores que los crímenes de lesa humanidad son imprescriptibles.
Parece que la morosidad del Poder Judicial ante los delitos que configuran el genocidio perpetrado por la Dictadura Militar y sus cómplices civiles, pudiera ponerse al día. En buena hora....

08 Mar 2005

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