sábado, 14 de julio de 2007

25 años al Genocida Julio "Turco Julián"-E.S.M.A. CAPITAL FEDERAL




El represor Julio "Turco Julián" Simón fue condenado esta tarde a 25 de años de prisión por aberrantes violaciones a los derechos humanos cometidos durante la última dictadura militar. El fallo es histórico: se trata de la primera sentencia tras la derogación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. La condena a Simón por el secuestro, tortura y desaparición forzada, en noviembre de 1978, de José Poblete y Gertrudis Hlaczik y el apoderamiento de su hija Claudia, por entonces de ocho meses de vida, estuvo a tono con lo que había solicitado la Fiscalía. Las querellas (el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), así como Buscarita Roa, madre de Poblete) reclamaron en tanto 50 años de prisión. Tras el veredicto, en la sala se escucharon expresiones de júbilo por parte de integrantes de organizaciones de derechos humanos. El acusado, en tanto, permaneció en absoluto silencio. "Es un día histórico, esto abre el camino para todos los juicios que faltan", dijo a la salida Estela de Carlotto, titular de Abuelas de Plaza de Mayo. "Para nosotros es una muy buena condena", completó. Por la mañana, el "Turco Julián" tampoco dijo palabra alguna. No habían pasado ni dos minutos desde el inicio de la audiencia, cuando los relojes marcaban exactamente las 11.52 y los únicos dichos del represor ante el Tribunal fueron "No, gracias, señor presidente". De esa manera, Simón se negó a ejercer el derecho de hablar antes de la sentencia. La negativa provocó decepción entre el público, dado que en la primera audiencia Simón había asegurado con jactancia que "en su momento" iba a "hablar extensamente". Luego hizo uso de sus derechos constitucionales de negarse a declarar y no abrió la boca durante todo el proceso salvo para murmurarle al oído a su defensor cada vez que quería ir al baño. Con el veredicto concluyó una serie de siete audiencias en las que se recrearon los horrores padecidos por los prisioneros que eran ilegalmente capturados y llevados a "El Olimpo", perverso nombre con el que habían bautizado a ese campo de concentración en Floresta "los dioses de la vida y de la muerte", tal como los represores se identificaban a sí mismos. Los esforzados defensores oficiales, en tanto, habían reclamado la absolución del represor buscando algún resquicio en las leyes; inclusive sus alegatos fueron elogiados por los acusadores, que afirmaron que "era todo lo que podían hacer; es la primera vez que la defensa de los represores no pontifica al terrorismo de estado". La oportunidad de juzgar los apoderamientos de bebés, secuestros, torturas y desaparición forzada de personas, entre otros crímenes atroces, cometidos por el autodenominado "Proceso de Reorganización Nacional" se reabrió el 14 de junio de 2005 cuando la Corte Suprema declaró "de ningún efecto" esas normas de impunidad. El fallo abrió la puerta para el juicio a Simón, quien de esta manera se convirtió en el primer represor en ser condenado tras la medida.




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